Capítulo 62: “Te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová designará”


Isaías: Los tiempos del cumplimiento, un comentario versículo por versículo por Iván D. Sanderson, está disponible en forma impresa en Deseret Book y Amazon.com y como un e-libro en español y en inglés para Kindle.

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En el capítulo 62 Isaías dice que no callará ni descansará hasta que se lleve a cabo el recogimiento de Israel y el establecimiento de Sión en los últimos días. Los primeros nueve versículos, junto con los dos finales del capítulo 61, comprenden un cántico de salvación expresado por Isaías,[1] en el cual Isaías habla por el Señor. Los centinelas de Sión, o sea los líderes eclesiásticos, enseñarán  el evangelio y su justicia diligentemente al pueblo. Aquellos que obran en Sión se gozarán de los frutos de sus labores; Sión será un pueblo buscado y no abandonado.

El versículo 1, hablado por el profeta Isaías, comienza: “Por amor a Sión no callaré y por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia y su salvación arda como una antorcha”. Sión y Jerusalén, después de haber sido reedificadas por los descendientes justos de Israel en los últimos días, serán bendecidas grandemente.

Isaías elevó su voz diligentemente durante su vida—y su voz firme continuará para siempre a través de sus escritos, para llevar a cabo el establecimiento de Sión y de Jerusalén en rectitud. Otro significado es que el Señor, hablando por medio de Isaías, no se callaría o descansaría hasta que la obra de los últimos días de la restauración y el recogimiento se haya llevado a cabo. Por medio de frases paralelas en este versículo, Isaías establece que las referencias a Jerusalén en este capítulo son símbolos para la Sión de los últimos días.

El versículo 1 contiene un quiasma:

A: (1) Por amor a Sión no callaré
B: y por amor a Jerusalén
C: no descansaré,
B: hasta que salga como resplandor su justicia
A: y su salvación arda como una antorcha.

En este quiasma el profeta declara que no descansará hasta que Sión y Jerusalén gocen de la salvación y rectitud. “Por amor a Sión no callaré” complementa “[hasta que] su salvación arda como una antorcha”. Nótese también que los primeros y los segundos elementos son paralelos tanto en el lado ascendente como en el lado descendente.

El versículo 1 contiene un quiasma que es reconocido en el hebreo original, fraseado aquí para  que coincida con la construcción hebrea:[2]

A: Hasta que salga
B: como resplandor
C: su justicia
C: y su salvación
B: como una antorcha
A: [que] arda.

El uso del quiasma por Isaías simultáneamente en distintas escalas es evidente en este versículo. “Su justicia” complementa “su salvación” y “resplandor” es equivalente a “una antorcha”.

El versículo 2 predice: “Entonces verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová designará”. Isaías se dirige a Sión colectivamente, usando la segunda persona singular. El mundo verá la gloria y la rectitud de Sión, y el Señor dará a Sión, colectivamente, un nombre nuevo.

El Rey Benjamín, en el Libro de Mormón, aclara qué nombre se dará al pueblo de Sión y desafía a su pueblo a tomar sobre sí el nombre de Cristo:

“Y bajo este título sois librados, y no hay otro título por medio del cual podáis ser librados. No hay otro nombre dado por el cual venga la salvación; por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, todos vosotros que habéis hecho convenio con Dios de ser obedientes hasta el fin de vuestras vidas.
“Y sucederá que quien hiciere esto, se hallará a la diestra de Dios, porque sabrá el nombre por el cual es llamado; pues será llamado por el nombre de Cristo.
“Y acontecerá que quien no tome sobre sí el nombre de Cristo, tendrá que ser llamado por algún otro nombre; por tanto, se hallará a la izquierda de Dios.
“Y quisiera que también recordaseis que éste es el nombre que dije que os daría, el cual nunca sería borrado, sino por transgresión; por tanto, tened cuidado de no transgredir, para que el nombre no sea borrado de vuestros corazones.
“Yo os digo: Quisiera que os acordaseis de conservar siempre escrito este nombre en vuestros corazones para que no os halléis a la izquierda de Dios, sino que oigáis y conozcáis la voz por la cual seréis llamados, y también el nombre por el cual él os llamará”.[3]

El Señor reveló a José Smith, el profeta de la restauración, el nombre por el cual el pueblo del Señor sería llamado: “Porque así se llamará mi iglesia en los postreros días, a saber, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.[4] Dado directamente por el Señor tal como previó Isaías, este nombre provee la manera por la cual el pueblo del Señor puede tomar sobre sí el nombre sagrado de su Salvador, conforme a lo estipulado por el Rey Benjamín.

Hay, también, un nombre nuevo dado a los individuos. El Señor, en Doctrina y Convenios, menciona un nombre nuevo que sería dado a los que heredarán el reino celestial: “Y a cada uno de los que entran en el reino celestial se da una piedrecita blanca, en la cual está escrito un nombre nuevo que ningún hombre conoce, sino el que lo recibe. El nombre nuevo es la palabra clave”.[5]

El versículo 3 declara: “Y serás corona de gloria en la mano de Jehová y diadema real en la palma de la mano de tu Dios”. La rectitud de Sión y su pueblo dará gloria al Señor.

Otros profetas del Antiguo Testamento predijeron estos eventos usando palabras similares. Malaquías profetizó: “Y serán especial tesoro para mí, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo integre mis joyas; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”.[6] Zacarías predijo: “Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo, porque serán enaltecidos en su tierra como piedras de una corona”.[7] En estos dos pasajes, Sión y su gloria son semejantes a las joyas de una corona.

En Doctrina y Convenios, el Señor usa la misma metáfora: “No obstante, los poseeré y serán míos el día en que yo venga para integrar mis joyas”.[8] También en Doctrina y Convenios, el Señor dice: “Porque yo, el Señor, reino en los cielos y entre las huestes de la tierra; y en el día en que yo integre mis joyas, todos los hombres sabrán qué es lo que declara el poder de Dios”.[9]

Los escritores del Nuevo Testamento usan la metáfora de una corona para las bendiciones de la vida eterna. Pedro predice: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”.[10] El Señor, citado por Juan el Revelador, amonesta: “No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo va a echar a algunos de vosotros a la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación durante diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.[11]

En el versículo 4, el Señor—dirigiéndose otra vez a Sión colectivamente en la segunda persona—declara: “Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque Jehová se deleitará en ti, y tu tierra será desposada”. Las palabras “Hefzi-bá” y “Beula” han sido transliteradas en la versión Reina-Valera (2009), pero en otras traducciones modernas de la Biblia se presentan sus significados hebreos.[12] “Hefzi-bá”, o khef‑tsee’baw en el hebreo, significa “mi deseo está en ella”;[13] “Beula”, o baw‑al’ en el hebreo, significa “esposa casada” o “gobernar, poseer”.[14] El Señor usa una metáfora del matrimonio, designada por estos nombres hebreos, para describir el apego y la seguridad que la gente podrá disfrutar en sus propias tierras cuando les sean restauradas. Esto contrasta con su existencia por muchas generaciones como vagabundos y extranjeros en las tierras de otras gentes. La palabra final “desposada” en el versículo 4 también es traducida del hebreo baw‑al’, la misma palabra transliterada como “Beula”. Sin embargo, el significado en este caso es “poseer”.[15]

El versículo 4 contiene un quiasma:

A: (4) Nunca más te llamarán Desamparada,
B: ni tu tierra se dirá más Desolada;
C: sino que serás llamada Hefzi-bá,
C: y tu tierra, Beula;
B: porque Jehová se deleitará en ti,
A: y tu tierra será desposada.

El Señor compara a una mujer abandonada y una mujer casada a las tierras prometidas de Sión y a Jerusalén. La metáfora describe el estado de estas tierras prometidas cuando sean poseídas por los descendientes justos de Israel en los últimos días. “Nunca más te llamarán Desamparada” complementa “y tu tierra será desposada [o, poseída]”; y “ni tu tierra se dirá más Desolada” se complementa con “porque Jehová se deleitará en ti”.

El versículo 5 explica la metáfora: “Pues como un joven se desposa con una virgen, así se desposarán contigo tus hijos; y como el novio se regocija por la novia, así se regocijará por ti tu Dios”.[16] “Tus hijos” significa los descendientes de Israel, los herederos legítimos de la tierra. La tierra pertenecerá verdaderamente a ellos, en contraste con las tierras de otros países que pertenecían a otros pueblos en las cuales habían vivido durante muchas generaciones.

En el versículo 6, el Señor describe a los líderes eclesiásticos de los últimos días que serán responsables por el bienestar espiritual de Sión y de Jerusalén: “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardias que no callarán ni de día ni de noche. Los que os acordáis de Jehová, no descanséis”— “Guardias” significa líderes eclesiásticos del pueblo—los que tienen la autoridad sacerdotal, visión profética y responsabilidad para los asuntos espirituales. Isaías introdujo el símil de “guardias” o “centinelas” anteriormente, en el capítulo 21;[17] estos guardias diligentes advertirán continuamente al pueblo y no fallarán en el cumplimiento de sus deberes.

El versículo 7 describe las súplicas diligentes de los líderes eclesiásticos al Señor a favor de Jerusalén: “ni le deis descanso, hasta que restablezca a Jerusalén y la convierta en una alabanza en la tierra”.[18] La súplica de dichos líderes es que Sión y Jerusalén sean establecidas en rectitud. Esta declaración se compara a la de Isaías, dada en el versículo 1, diciendo que no descansaría hasta que Sión sea establecida.

El versículo 8 describe un convenio que sería por el Señor a los habitantes de Sión y Jerusalén: “Jehová ha jurado por su mano derecha y por su poderoso brazo: Jamás daré tu trigo como comida a tus enemigos, ni los hijos de extranjeros beberán el vino nuevo por el cual has trabajado”— La mano derecha del Señor—y el brazo de Su fuerza—implican el uso de la fuerza militar por el Señor en derrocar a los invasores y usurpadores quienes en el pasado han confiscado las cosechas de Jerusalén de sus habitantes. La “mano derecha” se eleva al hacer convenios;[19] en este caso, el Señor haría convenio con los habitantes de Sión y Jerusalén para defenderlos y protegerlos.

El versículo 9 concluye la canción de salvación que comenzó en los versículos finales del capítulo anterior: “sino que los que lo cosechan lo comerán y alabarán a Jehová; y los que lo vendimian lo beberán en los atrios de mi santuario”. Los habitantes de Sión y Jerusalén comerán las cosechas que hayan recogido y darán gracias al Señor; beberán el vino que hayan preparado en ritos sagrados en templos santificados.[20]

En la Última Cena, antes de Su crucifixión, Jesús instituyó el beber vino para recordar la sangre que se derramaría al llevar a cabo la Expiación.[21] Testificó: “Porque os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta que el reino de Dios venga”.[22] A Sus seguidores en los últimos días, el Señor les dio más detalle:

“He aquí, así me parece sabio; por tanto, no os maravilléis, porque la hora viene cuando beberé del fruto de la vid con vosotros en la tierra; y con Moroni, a quien he enviado para revelaros el Libro de Mormón, que contiene la plenitud de mi evangelio eterno, y a quien he encomendado las llaves de los anales del palo de Efraín” (énfasis añadido).[23]

Entonces el Señor mencionó otros profetas antiguos quienes aparecieron a José Smith para restaurar las llaves del sacerdocio y el conocimiento perteneciente a la dispensación del cumplimiento de los tiempos, con quienes bebería el vino sacramental aquí en la tierra en Su venida: Elías, Juan el Bautista, José, Jacob, Isaac, Abraham, Miguel o Adán, Pedro, Santiago, y Juan.[24]

Los versículos 10 al 12 describen la restauración del evangelio en los últimos días y la edificación de Sión y Jerusalén. El versículo 10 comienza: “Pasad, pasad por las puertas; preparad el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad estandarte sobre los pueblos”. Frases repetidas son para dar énfasis, como si fueran subrayadas. “El camino” y “la calzada” son metáforas significando la vía de la salvación, o el conocimiento del plan de salvación.[25] “Las puertas” representan las ordenanzas de salvación mediante las cuales uno se gana la entrada a la vía estrecha y angosta.[26] Las piedras que se quitarían del camino son doctrinas falsas que obstruirían la vía, o interferirían en la comprensión del plan del Señor por los hombres.

La partida del Mar Rojo es un símbolo para la vía estrecha y angosta, o calzada, que conduce a la salvación. Anteriormente, en el capítulo 11, Isaías explicó: “Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día en que subió de la tierra de Egipto”.[27]

El versículo 11 declara: “He aquí que Jehová hizo oír hasta el extremo de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí, viene tu salvación; he aquí, su galardón está con él, y delante de él su recompensa”. Este pasaje presagia las palabras cantadas por la multitud durante la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la semana final de Su ministerio mortal: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (énfasis añadido).[28]

Este pasaje en el versículo 11 es uno de muchos en el Antiguo Testamento que han sido citados por escritores del Nuevo Testamento como siendo consumado por eventos en la vida de Jesucristo.[29] Isaías usa “la hija de Sión” aquí como un sinónimo para Jerusalén.[30]

El versículo 11 contiene un quiasma:

A: (11) He aquí que Jehová
B: hizo oír hasta el extremo de la tierra:
C: Decid a la hija de Sión:
B: He aquí, viene tu salvación;
A: he aquí, su galardón está con él, y delante de él su recompensa.

En este quiasma, el Señor proclama hasta los fines de la tierra que vendrá la salvación de Sión y Jerusalén. “He aquí que Jehová” complementa “he aquí, su galardón está con él, y delante de él su recompensa”; el Señor es quien trae su recompensa y su obra con Él.

El versículo 12 concluye: “Y los llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Buscada, Ciudad No Desamparada”. Después que intervenga el Señor y el pueblo sea santificado, Jerusalén dejará de ser una ciudad evitada; más bien, será solicitada por numerosos visitantes que buscan la iluminación.

Notas


[1]. Victor L. Ludlow, Isaiah: Prophet, Seer, and Poet [Isaías: Profeta, Vidente, y Poeta]: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1982, pág. 506-507.
[2]. Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 265.
[3]. Mosíah 5:8-12.
[4]. Doctrina y Convenios 115:4.
[5]. Doctrina y Convenios 130:11; véase también Apocalipsis 3:12.
[6]. Malaquías 3:17.
[7]. Zacarías 9:16.
[8]. Doctrina y Convenios 101:3.
[9]. Doctrina y Convenios 60:4.
[10]. 1 Pedro 5:4.
[11]. Apocalipsis 2:10.
[12]. Traducciones de la Bíblia que fueron usadas para comparación en este comentario fueron accedidas en “The Unbound Bible” [La Biblia no encuadernada], sitio del Internet, en http://unbound.biola.edu. El sitio se hace disponible y es mantenido por Biola University, Administrative Computing, 3800 Biola Ave., La Mirada, California 90639.
[13]. F. Brown, S. Driver, y C. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Léxico Hebreo e Inglés de Brown, Driver y Briggs]: Hendrickson Publishers, Peabody, MA, 01961-3473, 1996, Número de Strong 2657, pág. 343; véase también 2 Reyes 21:1.
[14]. Brown et al., 1996, Número de Strong 1166, pág. 127.
[15]. Brown et al., 1996, Número de Strong 1166, pág. 127.
[16]. Los versículos 4 y 5 contienen un quiasma: Nunca más te llamarán Desamparada/Hefzi-bá…Beula/tu tierra será desposada/ así se desposarán contigo tus hijos/el novio…la novia/se regocijará por ti tu Dios.
[17]. Véase Isaías 21:6; 52:8; 56:10 y su respectivo comentario.
[18]. Los versículos 6 y 7 contienen un quiasma: Oh Jerusalén/Jehová/no descanséis/ni le deis descanso/restablezca/a Jerusalén…una alabanza.
[19]. Véase Deuteronomio 33:2; Isaías 41:10.
[20]. Véase Doctrina y Convenios 27:2-4.
[21]. Véase Lucas 22:20.
[22]. Lucas 22:18.
[23]. Doctrina y Convenios 27:5.
[24]. Véase Doctrina y Convenios 27:6-13.
[25]. Véase Isaías 26:7-8; 28:7; 35:8; 40:3; 49:11; 51:10 y su respectivo comentario.
[26]. Véase Mateo 7:13-14 (3 Nefi 14:13-14); Lucas 13:24; 2 Nefi 31:18; 33:9; Jacob 6:11; 3 Nefi 27:33; Doctrina y Convenios 22:1-2; 132:22.
[27]. Isaías 11:16 (2 Nefi 21:16) y su respectivo comentario.
[28]. Véase Mateo 21:9 (9-15); también Zacarías 9:9-11.
[29]. Véase Isaías 6:10, su respectivo comentario y apostilla.
[30]. Véase 2 Reyes 19:21, 31; Salmos 9:14; 51:18; Isaías 10:32; 16:1; 37:22; 52:2.

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