Capítulo 55: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos”


Isaías: Los tiempos del cumplimiento, un comentario versículo por versículo por Iván D. Sanderson, está disponible en forma impresa en Deseret Book y Amazon.com y como un e-libro en español y en inglés para Kindle.

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Este capítulo empieza con un reto de dejar las búsquedas mundanas y participar de lo espiritual, que está disponible en abundancia y sin precio por medio de la revelación de Dios. A los hombres se les manda buscar al Señor, la recompensa para lo cual es la salvación eterna. Los pensamientos del Señor son superiores a los del hombre, pero Él nos promete inundarnos con la revelación y la guía del Espíritu si pedimos con fe. El pueblo del Señor en todos los tiempos puede ser reconocido por recibir revelación.

Este capítulo marca el comienzo de una división importante del Libro de Isaías, comprendiendo los capítulos 55 a 66, en los cuales se describe el glorioso retorno de Israel a su patria, después de su arrepentimiento y limpieza .[1]

El versículo 1 comienza: “Oh los sedientos, ¡Venid a las aguas! Y los que no tienen dinero, ¡venid, comprad y comed! Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”. Las bendiciones de la Expiación están disponibles sin costo temporal.[2] “¡Venid a las aguas!” significa la inspiración y revelación de los cielos.[3] “Comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” son metáforas para el conocimiento y aumento espiritual, proveídos gratuitamente por el Señor al creyente por medio de la Sión de los últimos días y sus recogidos de Israel.

Nefi parafrasea el versículo 1, proveyendo la aclaración interpretativa:

“Él [el Señor Dios] no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación.
“He aquí, ¿acaso exclama él a alguien, diciendo: Apártate de mí? He aquí, os digo que no; antes bien, dice: Venid a mí, vosotros, todos los extremos de la tierra, comprad leche y miel sin dinero y sin precio”.[4]

El versículo 2 continúa con la misma metáfora, proponiendo un reto de dejar las búsquedas mundanas en favor de lo espiritual: “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con manjares”. La palabra hebrea traducida como “manjares” significa “abundancia”.[5] “Lo que no es pan” es algo por lo que gastamos el dinero o esfuerzo que no tiene ningún valor eterno.

Jacob, el hermano de Nefi, parafrasea los versículos 1 y 2, exponiendo sobre su significado:

“Venid, hermanos míos, todos los que tengáis sed, venid a las aguas; y venga aquel que no tiene dinero, y compre y coma; sí, venid y comprad vino y leche, sin dinero y sin precio.
“Por lo tanto, no gastéis dinero en lo que no tiene valor, ni vuestro trabajo en lo que no puede satisfacer. Escuchadme diligentemente, y recordad las palabras que he hablado; y venid al Santo de Israel y saciaos de lo que no perece ni se puede corromper, y deléitese vuestra alma en la plenitud” (énfasis añadido).[6]

Los versículos 1 y 2 contienen un quiasma:

A: (1) Oh los sedientos, ¡Venid a las aguas! Y los que no tienen dinero, ¡venid, comprad y comed!
B: Venid, comprad
C: sin dinero y sin precio, vino y leche.
C: (2) ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente
B: y comed del bien,
A: y se deleitará vuestra alma con manjares.

“Oh los sedientos, ¡Venid a las aguas!” se complementa con “se deleitará vuestra alma con manjares”; El que tiene hambre para el conocimiento espiritual y se presenta delante del Señor quedará satisfecho. “Sin dinero y sin precio”  contrasta con “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia?” Las búsquedas mundanas no dan como resultado el alimento espiritual o el cumplimiento.

En el versículo 3, el Señor nos desafía para ponernos a tono a la voz de Su Espíritu Santo: “Inclinad vuestros oídos y venid a mí; escuchad, y vivirá vuestra alma. Y haré con vosotros un convenio sempiterno, las misericordias firmes a David”. Si escuchamos y obedecemos, el Señor hará convenios eternos con nosotros.

En Doctrina y Convenios, el Señor nos hace retos similares: “…Buscad siempre la faz del Señor, para que con paciencia retengáis vuestras almas, y tendréis vida eterna”.[7] También en Doctrina y Convenios, el Señor afirma que Él se acercará a  nosotros si nosotros nos acercamos a Él: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá”.[8]

El Señor nos da el significado de la frase “vivirá vuestra alma” como el ser levantado en la resurrección:

“Por tanto, si habéis dormido en paz, benditos sois, porque como ahora me veis y sabéis que yo soy, así vendréis a mí y vivirán vuestras almas, y vuestra redención será perfeccionada; y los santos saldrán de los cuatro extremos de la tierra” (énfasis añadido).[9]

“Dormido en paz” significa el haber vivido la vida en rectitud para que al enfrentar la muerte, uno no tenga miedo de dar cuenta de los hechos y los logros de su vida delante de Dios.

El profeta Amós nos desafía: “Buscad a Jehová y vivid, no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma, sin haber en Bet-el quien lo apague”.[10] Si no buscamos al Señor, nos espera la destrucción a pesar de que seamos del linaje del convenio y de que frecuentemos el templo sagrado (Bet-el).

Pablo, al hablar con los Judíos de Antioquía de Pisidia, explica el significado de la frase de Isaías, “las misericordias firmes a David:”

“Y con respecto a que le levantó [al Señor Jesucristo] de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David.
“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres y vio corrupción.
“Pero aquel a quien Dios levantó no vio corrupción.
“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia la remisión de pecados,
“y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (énfasis añadido).[11]

Las “misericordias fieles de David” es la promesa de la resurrección incondicional—junto con la exaltación que podemos recibir basada en el perdón de nuestros pecados por medio del arrepentimiento—a causa de la expiación de Jesucristo. “Corrupción”, como se usa aquí por Pablo, significa la deterioración del cuerpo en la muerte. También, el hecho de que Jesús no vería la corrupción expresa el estado sin pecado de Cristo mientras David había cometido pecados graves.[12]

En el versículo 4, el Señor describe la misión dada a David: “He aquí que yo lo di como testigo a los pueblos, como príncipe y como jefe a las naciones”. Antiguamente el Señor escogió a David para ser un líder y un ejemplo para el pueblo; este versículo se refiere a un David moderno a quien se le diera el mismo papel.

En el versículo 5, Isaías profetiza acontecimientos de los últimos días: “He aquí, llamarás a nación que no conoces, y naciones que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel, que te ha honrado”. Israel en los últimos días predicará el evangelio entre las naciones gentiles; gentes de las naciones gentiles huirán a la Sión moderna en busca de refugio a causa de la gloria que le dio el Señor.

Compárense las palabras del Señor al profeta José Smith:

“De cierto os digo a todos: Levantaos y brillad, para que vuestra luz sea un estandarte a las naciones;
“a fin de que el recogimiento en la tierra de Sión y sus estacas sea para defensa y para refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada sin mezcla sobre toda la tierra”.[13]

En el versículo 6, Isaías publica un desafío: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado; llamadle en tanto que está cercano”.[14] El Señor nos manda a buscarle a Él sin demora, porque el tiempo vendrá en que será demasiado tarde.

El Señor dejó este mismo desafío al  profeta José Smith y sus colegas:

“Y además, de cierto os digo, mis amigos, os dejo estas palabras para que las meditéis en vuestro corazón, junto con este mandamiento que os doy, de llamarme mientras estoy cerca.
“Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (énfasis añadido).[15]

En el Nuevo Testamento Santiago extiende la misma promesa, a la cual el joven José respondió en 1820:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es movida por el viento y echada de una parte a otra”.[16]

Dios es la fuente máxima del conocimiento espiritual, a quien podemos solicitar con fe y sin temor.

Más detalles sobre este mandamiento fueron dados a José Smith:

“Mas en todo se os manda pedir a Dios, el cual da liberalmente; y lo que el Espíritu os testifique, eso quisiera yo que hicieseis con toda santidad de corazón, andando rectamente ante mí, considerando el fin de vuestra salvación, haciendo todas las cosas con oración y acción de gracias…”.[17]

En el versículo 7, Isaías establece la doctrina del arrepentimiento: “Deje el malvado su camino y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, quien será amplio en perdonar”. El perdón y la misericordia del Señor dependen del arrepentimiento del hombre, lo que significa el abandono de los malos pensamientos, así como de las acciones. El camino del malvado se opone a la vía del Señor, o sea al plan de salvación.[18]

Estas palabras de Isaías nos hacen recordar el proverbio de Salomòn: “Dejad las ingenuidades y vivid; y andad por el camino del entendimiento”.[19]

Citando los versículos 6 y 7, Delbert L. Stapley enseñó:

“Este consejo es tan importante para nosotros hoy como lo era en los tiempos antiguos. Los problemas del mundo empeorando y frustrantes, agravados por una salida general de las enseñanzas cristianas verdaderas y prácticas éticas, nos advierte de peligros inminentes y de mucha tristeza a menos que el hombre abandone el pecado y vuelva a Dios mediante el arrepentimiento sincero. Sólo por evitar las trampas del mal y por seguir el consejo de Isaías podemos esperar a recibir la misericordia de Dios y Su gracia abundante”.[20]

En los versículos 8 y 9, el Señor explica que sus pensamientos y sus caminos son superiores a los del hombre. El versículo 8 comienza: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová”. Los pensamientos y caminos del Señor están en un plano mucho más elevado que los del hombre.

Los versículos 7 y 8 contienen un quiasma:

A: (7) Deje el malvado su camino
B: y el hombre inicuo sus pensamientos;
C: y vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia,
C: y al Dios nuestro, quien será amplio en perdonar.
B: (8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,
A: ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová.

Los pensamientos y acciones inicuos deben ser abandonados; si nos arrepentimos y nos volvemos al Señor, Él nos perdonará abundantemente. Entonces, por revelación el Señor nos traerá al nivel de Sus pensamientos. “Deje el malvado su camino” complementa “ni vuestros caminos [son] mis caminos, dice Jehová”. El malvado debe renunciar a su camino y debe aceptar el camino del Señor.

El versículo 9 continúa la explicación del Señor, la cuál comenzó con el versículo 8: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Los pensamientos y las vías del Señor son más altos que los del hombre mundano y para éste son incomprensibles.

Los versículos 8 y 9 contienen un quiasma:

A: (8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,
B: , ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová
C: (9) Como son más altos los cielos
C: que la tierra,
B: así son mis caminos más altos que vuestros caminos,
A: y mis pensamientos más [altos] que vuestros pensamientos.

Este quiasma enseña que tal como los cielos son más altos que la tierra, las vías del Señor están en un plano más alto que los del hombre. “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos” es equivalente a “mis pensamientos más [altos] que vuestros pensamientos”.

En el versículo 10, el Señor describe los procesos naturales de la lluvia y el crecimiento de los cultivos: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come”— El propósito de la lluvia es para beneficiar la tierra, y no para beneficiar las nubes de las cuales cae.

El versículo 11 explica la metáfora: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié”. “Riega la tierra,” como se usa en el versículo 10 y se explica en el versículo 11, es una metáfora que representa la inspiración y la revelación del cielo.[21] Las palabras del Señor serán todas cumplidas, aún como Él desea.

La palabra del Señor sale entre la humanidad a través de los profetas: “Y aconteció que los hijos de Alma salieron entre el pueblo para declararle la palabra. Y el mismo Alma no pudo descansar, y también salió” (énfasis añadido).[22]

La metáfora de Isaías de la revelación de Dios, la cual desciende sobre el hombre en la tierra como la lluvia, se expone en las palabras de un himno:

Cual rocío que destila
En la yerba del vergel,
Tu palabra salvadora
Llega a Tu pueblo fiel.

Deja, Padre bondadoso,
Tu doctrina destilar,
Bendecida para darnos
El eterno bienestar.[23]

Los versículos 10 y 11 contienen un quiasma:

A: (10) Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir,
B: y da semilla al que siembra y pan al que come,
C: (11) así será mi palabra
C: que sale de mi boca; no volverá a mí vacía,
B: sino que hará [mi palabra] lo que yo quiero
A: y [mi palabra] será prosperada en aquello para lo cual la envié.

En este quiasma el Señor compara la lluvia a la revelación divina; ambas logran su destino bueno sobre la tierra. Así como la lluvia no vuelve a los cielos de la misma forma sino que resulta en cultivos productivos, la palabra del Señor no volverá a Él vacía sino que hará el bien que Él desea. “Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir,” se complementa con “y [mi palabra] será prosperada en aquello para lo cual la envié”.

En el versículo 12, Isaías prevé el resultado bendito de que Sión reciba y preste atención a la revelación de Dios: “Porque con alegría saldréis y en paz seréis conducidos; los montes y los collados prorrumpirán en cánticos delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso”. El Gran Rollo de Isaías registra “Porque con alegría saldréis y en paz regresaréis…”.[24] “Los montes” y “los collados” significan naciones, tanto las grandes como las pequeñas;[25] “los árboles del campo” representan los gobernantes de las naciones,[26] aclarando quien daría el aplauso.

En el capítulo 44 Isaías exulta, usando las mismas metáforas: “Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, lugares bajos de la tierra; prorrumpid en alabanza montes, bosque y todo árbol que hay en él, porque Jehová redimió a Jacob y en Israel se glorifica (énfasis añadido)”.[27]

En el versículo 13, Isaías utiliza otra metáfora para describir con más detalle las bendiciones de la revelación continua sobre el pueblo del Señor: “En lugar de la zarza crecerá el ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá el mirto; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será borrada”. Las zarzas y las ortigas representan doctrinas falsas[28] que son disipadas por la revelación del Señor. El ciprés y el mirto representan doctrinas verdaderas del Señor, suplantando las doctrinas falsas; las hojas perennes de los cipreses representan el carácter eterno de la verdad de Dios, y el mirto es apreciado por su fragancia agradable. El pueblo del Señor siempre será reconocido por recibir la revelación continua, la cual es una “señal eterna que nunca será borrada”.

Notas


[1]. Los Capítulos 2 a 39 describen a Israel en su patria en una condición de maldad; los capítulos 40 a 54 describen a Israel en exilio dispersado por todo el mundo, interactuando con gentes y acontecimientos; y los capítulos 55 a 66 describen su glorioso recogimiento a su patria después de su arrepentimiento y purificación.

[2]. Donald W. Parry, Jay A. Parry y Tina M. Peterson, Understanding Isaiah [Entendiendo a Isaías]: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1998, pág. 488.

[3]. Véase Isaías 12:3; 30:25; 35:6-7; 55:11; 58:11 y su respectivo comentario.

[4]. 2 Nefi 26:24-25.

[5]. F. Brown, S. Driver, y C. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Léxico Hebreo e Inglés de Brown, Driver y Briggs]: Hendrickson Publishers, Peabody, MA, 01961-3473, 1996, Número de Strong 1880, pág. 206.

[6]. 2 Nefi 9:50-51.

[7]. Doctrina y Convenios 101:38.

[8]. Doctrina y Convenios 88:63.

[9]. Doctrina y Convenios 45:46.

[10]. Amós 5:6.

[11]. Hechos 13:34, 36-39.

[12]. Véase 2 Samuel 11:1-19; 12:1-10.

[13]. Doctrina y Convenios 115:5-6.

[14]. Los versículos 5 y 6 contienen un quiasma: Llamarás a nación/naciones que no te conocieron/Jehová tu Dios/del Santo de Israel/buscad a Jehová/llamadle en tanto que está cercano.

[15]. Doctrina y Convenios 88:62-63.

[16]. Santiago 1:5-6.

[17]. Doctrina y Convenios 46:7.

[18]. Véase Isaías 26:7-8; 28:7; 40:3; 56:11 y su respectivo comentario.

[19]. Proverbios 9:6.

[20]. Delbert L. Stapley, “The Path to Eternal Glory [El camino hacia la gloria eterna]”, Ensign, Julio de 1973, pág. 99.

[21]. Véase Isaías 12:3; 30:25; 35:6-7; 55:1; 58:11 y su respectivo comentario.

[22]. Alma 43:1.

[23]. Himnos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992, Himno Número 87, “Cual rocío, que destila”, estrofas 1 y 2.

[24]. Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 216.

[25]. Véase Isaías 2:2, 14 y 2 Nefi 12:2, 14; Isaías 11:9; 13:2, 4; 30:25 y su respectivo comentario.

[26]. Véase Isaías 9:18; 10:18-19, 33-34; 14:8; 29:17; 32:15; 37:24.

[27]. Isaías 44:23.

[28]. Véase Isaías 5:6; 9:18; 10:17; 27:4; 32:13 y su respectivo comentario.

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