Capítulo 43: “Daré agua en el desierto, ríos en el yermo”


Isaías: Los tiempos del cumplimiento, un comentario versículo por versículo por Iván D. Sanderson, está disponible en forma impresa en Deseret Book y Amazon.com y como un e-libro en español y en inglés para Kindle.

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El Capítulo 43 predice el arrepentimiento y la restauración eventuales de Israel en los últimos días. En la primera parte del capítulo el Señor proclama que Él es Dios y que Israel, el beneficiario de muchas de Sus bendiciones durante su larga existencia como pueblo, es testigo de Su divinidad. Luego, se presentan profecías del recogimiento del Israel arrepentido y de grandes destrucciones entre los inicuos. Estas destrucciones son para la protección del pueblo del Señor. El capítulo concluye con el Señor indicando que Israel impenitente ha abandonado Su ley, trayendo sobre sí grandes maldiciones.

El Capítulo 43 contiene quiasmas que proporcionan información útil para interpretar y que proporcionan divisiones lógicas en el texto.

Los versículos 1 al 7 predicen el recogimiento de Israel; Isaías presenta la profecía poéticamente como tres quiasmas. En el versículo 1 el Señor dice que a pesar de los pecados de Israel Él ha proporcionado los medios para su redención: “Y ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te he redimido; te puse nombre; mío eres tú”. “Jehová” significa Jesucristo; Él es tanto Creador como Redentor.

El papel de Jesucristo como Creador fue enunciado por el apóstol Juan:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
Este estaba en el principio con Dios.
“Todas las cosas por medio de él fueron hechas; y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.
“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
“Y la luz resplandece en las tinieblas; y las tinieblas no la comprendieron”.[1]

“El Verbo” como se usa aquí por Juan significa que Jehová—el Señor Jesucristo—es el Portavoz de Dios el Padre.[2] En la zarza ardiente, el Señor reveló Su nombre a Moisés y le dijo el significado de Su nombre:

“Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé?
“Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.[3]

El nombre “Jehová” viene del hebreo YHWH, que se relaciona con el verbo “ser” o “yo soy”. El significado es “el que existe”,[4] o sea, el Dios que verdaderamente existe.

Durante su ministerio mortal Jesucristo, dirigiéndose a los judíos en el templo, afirmó que Él era el mismo Jehová:

“Abraham, vuestro padre, se regocijó de que vería mi día; y lo vio y se regocijó.
“Le dijeron entonces los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
“Tomaron entonces piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.[5]

Los judíos tomaron la declaración de Jesús como falsa, interpretándola como blasfemia bajo la ley de Moisés. Por eso los judíos procuraron apedrearlo a muerte. Sin duda, ellos recordaron esta declaración al tiempo de Su comparecencia y crucifixión.

El versículo 1 contiene un quiasma:

A: (1) Y ahora, así dice Jehová Creador tuyo,
B: oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas,
C: porque yo te
C: he redimido;
B: te puse nombre,
A: mío eres tú.

En este quiasma el Señor testifica que Él es el Creador de Israel; por tanto, Israel le pertenece. Él ha redimido y llamado a Israel para que cumpla el convenio de Abraham, convirtiéndose en una bendición para todo el mundo.[6]

En los versículos 2 al 4, el Señor le hace recordar a Israel la travesía milagrosa del Mar Rojo y la destrucción de los ejércitos de Faraón, prometiéndoles una intervención similar en el futuro. El versículo 2 comienza: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti”. “Cuando pases por las aguas” se refiere a la separación del Mar Rojo.[7] “Ríos” también significa “ejércitos invasores,[8] y “fuego” se refiere a la destrucción por fuego que ocurrirá en la Segunda Venida del Señor.[9] El Señor promete la protección y preservación de los justos en Su venida, tal como libró a los hijos de  Israel de la cautividad en Egipto y los preservó.

Semejante a las destrucciones por fuego predichas en la Segunda Venida del Señor, cada uno de nosotros podemos ser sometidos a pruebas de fuego durante nuestra vida. El Señor promete que estas pruebas son para refinarnos y no destruirnos—para quitar la escoria del pecado y de la imperfección y refinar el oro en cada uno de nosotros.

El versículo 3 continúa: “Porque yo, Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate; a Etiopía y a Seba, a cambio de ti”. Los ejércitos de Egipto, ahogados en el Mar Rojo, son un rescate para Israel; el Señor ha destruido otras naciones para proteger a Sus seguidores justos y lo hará nuevamente en el futuro.

El versículo 4 provee mayor explicación: “Porque ante mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres a cambio de ti y naciones a cambio de tu vida”. El Señor, en Doctrina y Convenios, dice: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”,[10] expresando ideas similares.

El propósito del Señor en destruir a los inicuos es para proteger a los justos, de lo cual la muerte de los egipcios en el Mar Rojo es un símbolo. Este concepto fue presentado por el profeta Zenós, como se citó por  Jacob en el Libro de Mormón:[11]

“Por tanto, cava alrededor de ellos [olivos], y pódalos, y abónalos de nuevo por última vez, porque el fin se acerca. Y si acaso estos últimos injertos crecen y producen el fruto natural, entonces les prepararás el camino para que crezcan.
“Y a medida que empiecen a crecer, quitarás las ramas que dan fruto amargo, según la fuerza y el tamaño de las buenas; y no quitarás todas las ramas malas de una vez, no sea que las raíces resulten demasiado fuertes para el injerto, y éste perezca, y pierda yo los árboles de mi viña” (énfasis añadido).[12]

En esta alegoría del olivo “las ramas que dan fruto amargo” son los inicuos, que serían destruidos para hacer lugar a los justos de Israel al tiempo de su recogimiento.

En el versículo 5 el Señor consuela a los justos de Israel: “No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu descendencia y del occidente te recogeré”. El Señor protegerá y acompañará a los justos en el recogimiento de los últimos días.

Palabras de los versículos 2 al 5 se presentan en el texto de un himno favorito, “Qué firmes cimientos”.[13]

Los versículos 2 al 5 contienen un quiasma:

A: (2) Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo;
B: y si por los ríos,
C: no te anegarán.
D: Cuando pases por el fuego, no te quemarás
E: ni la llama arderá en ti
F: (3) Porque yo Jehová Dios tuyo,
F: el Santo de Israel, soy tú Salvador:
E: a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba a cambio de ti.
D: (4) Porque ante mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable,
C: y yo te amé;
B: daré pues hombres a cambio de ti y naciones a cambio de tu vida.
A: (5) No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu descendencia y del occidente te recogeré.

“Ríos” se compara con “hombres” y “naciones”, los cuales reflejan el significado simbólico de “ríos” como ejércitos invasores. “No te anegarán” complementa “yo te amé: daré pues hombres a cambio de ti”, otra vez reflejando el simbolismo de los ríos. “No te quemarás” corresponde a “ante mis ojos fuiste de grande estima”, indicando que el Israel arrepentido será contado entre los justos y no quemados en la Segunda Venida del Señor. “Ni la llama arderá en ti” refleja “a Egipto he dado por tu rescate”, recordando la destrucción de los ejércitos egipcios  al atravesar el Mar Rojo[14] y reiterando la protección que Israel recibirá antes de la Segunda Venida.

El versículo 6 continúa la descripción por el Señor del recogimiento de Israel en los últimos días: “Diré al norte: Da acá, y al sur: No los retengas; trae desde lejos a mis hijos, y a mis hijas desde los confines de la tierra”— Los puntos cardinales de la brújula, utilizados en los versículos 5 y 6, representan las tierras a las cuales las diez tribus fueron llevadas en el cautiverio.[15] “Desde los confines de la tierra” significa los puntos más lejanos y más remotos de la tierra.[16]

Los versículos 5 y 6 son parafraseados por el Señor resucitado en el Libro de Mormón. Hablando del tiempo “cuando se cumpliesen las palabras de Isaías”, Él dijo:

“Y entonces los restos, que estarán dispersados sobre la faz de la tierra, serán recogidos del este y del oeste, y del sur y del norte; y serán llevados al conocimiento del Señor su Dios, que los ha redimido”.[17]

El versículo 7 dice: “a todos los llamados por mi nombre, para gloria mía los creé, los formé y los hice”. El Señor da una explicación mas detallada sobre este tema a los nefitas durante Su ministerio en las Américas:

“¿No han leído las escrituras que dicen que debéis tomar sobre vosotros el nombre de Cristo, que es mi nombre? Porque por este nombre seréis llamados en el postrer día;
“y el que tome sobre sí mi nombre, y persevere hasta el fin, éste se salvará en el postrer día”.[18]

Un pasaje de escritura al cual Jesús posiblemente se refirió aquí se encuentra en 2da de Crónicas:

“Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y ellos oran, y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra”.[19]

En otros pasajes definitivamente o probablemente en posesión de los nefitas,[20] se hace referencia al pueblo siendo llamado por el nombre del Señor.[21] Las oraciones sacramentales incluyen la siguiente declaración: “que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo”.[22] Hoy en día, esto significa ser reconocido como miembro de la Iglesia que lleva Su nombre.

Los versículos 5 al 7 contienen un quiasma:

A: (5) No temas, porque yo estoy contigo;
B: del oriente traeré tu descendencia y del occidente te recogeré.
C: (6) Diré al norte: Da acá
C: y al sur: No los retengas;
B: trae desde lejos a mis hijos, y a mis hijas de los confines de la tierra,
A: (7) a todos los llamados por mi nombre; para gloria mía los creé, los formé y los hice.

“Yo estoy contigo” complementa “a todos los llamados por mi nombre”. “Del oriente traeré tu descendencia y del occidente te recogeré” se asemeja a “trae desde lejos a mis hijos, y a mis hijas de los confines de la tierra”. Todas las declaraciones que comprenden este quiasma están relacionadas con el recogimiento de Israel en los últimos días.

Los versículos 8 al 13 comprenden un litigio en el cual las naciones de la tierra  testificarían de la bondad del Señor hacia Israel. En el versículo 8, el Señor manda: “Sacad al pueblo que es ciego, aunque tiene ojos, y a los sordos, aunque tienen oídos”. Esto significa la ceguera espiritual y la sordera espiritual; el Señor da un desafío de que vean y oigan los que sean capaces de comprender las cosas espirituales. Compárense las palabras de Moisés hacia Israel antes de su entrada en la tierra prometida:

“Pero Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver ni oídos para oír hasta el día de hoy”.[23]

Moisés reconoció la falta de sensibilidad espiritual y el deseo de recibir la guía del Señor entre los hijos de Israel. Durante Su ministerio mortal, Jesús frecuentemente declaraba “el que tiene oídos para oír, oiga”, que significa “si puedes, comprende el significado espiritual de mis palabras”.[24]

En el versículo 9 el Señor continúa: “Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto y que nos haga oír las cosas anteriores? Presenten sus testigos y justifíquense; oigan y digan: Es verdad”. El significado de esta pregunta retórica es “entre todas las naciones del mundo, ¿hay alguna que ha recibido la profecía y el conocimiento de las cosas espirituales como vosotros?”

En el versículo 10, el Señor manda a Israel que reconozca que Él es su Dios: “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis, y creáis y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios alguno, ni lo será después de mí”. Él dice, “vosotros [o sea, Israel] sois mis testigos de que yo soy Dios” por causa de la abundancia de las bendiciones espirituales que han recibido. Compárese el versículo 12 más adelante, el cual es equivalente quiásticamente.

El versículo 11 continúa la afirmación del Señor: “Yo, yo soy Jehová, y fuera de mí no hay quien salve”. Compárense las palabras de Nefi:

“Y ahora bien, hermanos míos, he hablado claramente para que no podáis errar; y como vive el Señor Dios, que sacó a Israel de la tierra de Egipto, y dio poder a Moisés para sanar a las naciones después de haber sido mordidas por las serpientes ponzoñosas, si ponían sus ojos en la serpiente que él levantó ante ellas, y también le dio poder para que hiriera la peña y brotara el agua; sí, he aquí os digo que así como estas cosas son verdaderas, y como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo, de quien he hablado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo”  (énfasis añadido).[25]

El mismo Ser que era conocido por los antiguos como Jehová vendría a la tierra para ser conocido como Jesucristo, y expiaría los pecados de la humanidad al entregar Su propia vida.

El versículo 12 resume: “Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, y yo soy Dios”. El Señor ha “anunciado, salvado y hecho oír” que Él es Dios, excepto cuando la idolatría era predominante entre el pueblo.

Los versículos 10 al 12 contienen un quiasma:

A: (10) Vosotros sois mis testigos, dice Jehová,
B: y mi siervo que yo escogí;
C: para que me conozcáis, y creáis y entendáis
D: que yo mismo soy;
E: antes de mí no fue formado dios alguno,
E: ni lo será después de mí.
D: (11) Yo, yo soy Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.
C: (12) Yo anuncié, y salvé, e hice oír,
B: y no hubo entre vosotros dios ajeno.
A: Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, y yo soy Dios.

Este quiasma describe el estatus del Señor como Dios, cuales han sido Sus acciones para afirmar este hecho en las mentes de Su pueblo y que Él responsabiliza a Su pueblo como testigos de este conocimiento. “Mi siervo que yo escogí” complementa “y no hubo entre vosotros dios ajeno”, estipulando la condición bajo la cual Israel es considerado el siervo del Señor.

El versículo 13 dice: “Aun antes que hubiera día, yo soy; y no hay quien libre de mi mano; yo actúo, ¿y quién lo revoca?” El Señor existía antes del primer día de la creación. Estas declaraciones nos hacen pensar de nuevo en la declaración que Jesús hizo en el templo: “Antes que Abraham fuese, yo soy”.[26] La declaración final del versículo 13, “Yo actúo, ¿y quién lo revoca?” significa “Si lo hago, ¿quién puede impedirlo?”[27]

Los versículos 14 al 21 testifican de las bendiciones que se concederán a Israel en el futuro. El versículo 14 predice el fin milagroso de la cautividad Babilónica: “Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vuestra causa envié a Babilonia e hice descender a todos ellos como fugitivos, aun el clamor jactancioso de los caldeos en sus naves”. “Redentor” significa alguien que recupera, redime, o rescata; o alguien que paga el precio.[28] Esta palabra define la misión de Jesucristo, que pagó por nuestros pecados. Él es quien destruiría tanto al babilonio como al caldeo, para proteger y bendecir a los justos.

El versículo 15 resume: “Yo soy Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey”. Estructuralmente, este versículo consta de cuatro declaraciones paralelas, repetidas para dar énfasis. Las últimas dos declaraciones son equivalentes quiásticamente a “Redentor” en el versículo 14, testificando que quien habló es el mismo que sería conocido como Jesucristo, el Redentor.

El versículo 16 declara: “Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas”— El Señor les hace recordar a la gente quién es él que habla: El mismo Dios que separó las aguas del Mar Rojo para llevar a cabo el escape milagroso de los hijos de Israel de los ejércitos de los egipcios que les perseguían.[29]

Los versículos 14 al 16 contienen un quiasma:

A: (14) Así dice Jehová,
B: Redentor vuestro,
C: el Santo de Israel:
D: Por vuestra causa [yo] envié
E: a Babilonia e hice descender a todos ellos como fugitivos,
E: aun el clamor jactancioso de los caldeos en sus naves.
D: (15) Yo soy Jehová,
C: Santo vuestro,
B: Creador de Israel, vuestro Rey.
A: (16) Así dice Jehová, el que abre camino en el mar y senda en las aguas impetuosas—

“Así dice Jehová” se refleja en “Así dice Jehová, el que abre camino en el mar y senda en las aguas impetuosas”, atestiguando que el mismo Señor que habla es Él que rescató a Israel partiendo las aguas del Mar Rojo. El Señor destruiría a Babilonia y los caldeos para rescatar y proteger a Israel. Como su Redentor, el Creador los rescataría por entregar Su propia vida.

El versículo 17 continúa el resumen del Señor de los acontecimientos que rodearon el paso milagroso por el Mar Rojo: “el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; se caen juntamente para no levantarse; quedan extinguidos, como pabilo quedan apagados”. No solamente sucedieron estos eventos en la antigüedad sino también son un símbolo, el cual se repetiría en el futuro antes de la Segunda Venida. “Como pabilo quedan apagados” describe la muerte de los ejércitos egipcios en el mar.

El versículo 18 predice la venida de Cristo y cómo Él cumpliría la Ley de Moisés: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a la memoria las cosas antiguas”. El Señor resucitado declaró a los nefitas: “Por tanto, estas cosas que existían en la antigüedad, que se hallaban bajo la ley, se han cumplido todas en mí. Las cosas antiguas han pasado, y todas las cosas se han vuelto nuevas”.[30]

El versículo 18 contiene un quiasma que se reconoce en el hebreo original, fraseado aquí para que corresponda con la construcción hebrea:[31]

A: (18) No os acordéis
B: de las cosas pasadas,
B: ni las cosas antiguas
A: traigáis a la memoria.

Este quiasma se centra en “las cosas pasadas” y “las cosas antiguas”, que significan la ley de Moisés. Israel en los últimos días es amonestado: “No os acordéis”, ni “traigáis a la memoria”  “las cosas antiguas” que pertenecían a la ley que fue cumplida con el gran y postrer sacrificio del Mesías.[32]

En el versículo 19, El Señor cambia Su enfoque a las bendiciones que Él derramaría sobre Israel en los últimos días: “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz. ¿No la percibís? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en el yermo”. El Gran Rollo de Isaías presenta: “He aquí que yo hago cosa nueva; por lo  tanto, pronto saldrá a luz. ¿No la percibís? Otra vez abriré camino en el desierto y senderos en el yermo”.[33] El “camino en el desierto” significa la vía estrecha y angosta a través del desierto espiritual de nuestro tiempo, de la cual el sendero por el Mar Rojo es un símbolo; así que lo antiguo es un símbolo para la  “cosa nueva” que el Señor haría . “Ríos en el yermo” es una metáfora significando que el Señor haría que el mensaje del evangelio saliera a luz por medio de la revelación en los últimos días.[34] La frase alternativa “senderos en el yermo” significa que la vía estrecha y angosta sería establecida de nuevo en el mundo, o sea en el yermo espiritual. Esta  declaración—interpretada de una manera u otra—también predice el establecimiento de Sión en los valles de los montes y la presencia de profetas vivientes entre el pueblo del Señor. Este acontecimiento es el mismo que fue predicho anteriormente por Isaías en el capítulo 41.[35]

“He aquí que yo hago cosa nueva” también refleja el establecimiento del nuevo y sempiterno convenio por el Señor. Él, hablando por medio del profeta José Smith, lo explica:

“Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones, según fueron instituidas desde antes de la fundación del mundo.
“Y en cuanto al nuevo y sempiterno convenio, se instituyó para la plenitud de mi gloria; y el que reciba la plenitud de ella deberá cumplir la ley, y la cumplirá, o será condenado, dice Dios el Señor” (énfasis añadido).[36]

El versículo 20 continúa con la descripción del evento predicho: “La bestia del campo me honrará, los chacales y los polluelos del avestruz, porque daré agua en el desierto, ríos en el yermo, para que beba mi pueblo, mi escogido”. La palabra hebrea de la cual “chacales” ha sido traducida  significa “serpientes”[37]. Los chacales y los polluelos del avestruz representan metafóricamente a los pueblos que no son del convenio que recibirían las bendiciones del evangelio en los últimos días.[38] “Agua en el desierto” y “ríos en el yermo” significan la inspiración y revelación de los cielos en un mundo que había sido un desierto espiritual.[39] El establecimiento de Sión en el desierto representa el cumplimiento temporal de los últimos días.[40]

El versículo 21 continúa con la descripción del Señor de la Sión de los últimos días: “Este pueblo he formado para mí; mis alabanzas publicará”.[41] La obra del Señor en los últimos días sería manifestada por el establecimiento de Sión en el desierto, sobre la cual derramaría revelación y bendiciones. Por otra parte, a aquellos en la Sión moderna se les requiere dar alabanza al Señor por las bendiciones recibidas.

Los versículos 19 al 21 contienen un quiasma:

A: (19) He aquí que yo hago cosa nueva;
B: pronto saldrá a luz. ¿No la percibís?
C: Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en el yermo.
D: (20) La bestia del campo me honrará,
D: los chacales y los polluelos del avestruz,
C: porque daré agua en el desierto, ríos en el yermo,
B: para que beba mi pueblo, mi escogido.
A: (21) Este pueblo he formado para mí; mis alabanzas publicará.

“Yo hago cosa nueva” se complementa con “este pueblo he formado para mí; mis alabanzas publicará”. Esta pareja de frases describe el nuevo y sempiterno convenio que sería establecido entre los recogidos de Israel en los últimos días. “Saldrá a luz” se complementa con “para que beba mi pueblo, mi escogido”, atestiguando que el pueblo que se describe sería nutrido por la revelación continua. “Camino en el desierto y ríos en el yermo” se asemeja a “daré agua en el desierto, ríos en el yermo”, significando que el sendero estrecho y angosto sería establecido mediante la revelación al pueblo del nuevo y sempiterno convenio que viviría en el yermo, o el desierto tanto espiritual como temporal. “La bestia del campo” y “los chacales y los polluelos del avestruz” indican que aún aquellos que no son del convenio se beneficiarán por el establecimiento del pueblo del convenio en el desierto.

Los versículos 22 al 28 predicen que en la restauración de los últimos días, algunos de la casa de Israel persistirían en la apostasía. Isaías pone la acusación del Señor del Israel apóstata en forma de un litigio, el cual se presenta poéticamente como dos quiasmas. El versículo 22 comienza: “Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te cansaste, oh Israel”, significando que no oraron al Señor ni tampoco le sirvieron.

El versículo 23 continúa la acusación: “No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda ni te hice fatigar quemando incienso”. La palabra hebrea de la cual se traduce “animales de tus holocaustos” significa  “corderos” o “machos cabríos”.[42] Los apóstatas de la casa de Israel no han guardado la ley ni han acatado las ordenanzas.

El versículo 24 resume: “No compraste para mí caña aromática con dinero ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que me abrumaste con tus pecados, me fatigaste con tus iniquidades”.[43] “Caña aromática con dinero” se refiere a la compra de especias para el aceite de unción usado en ceremonias sagradas en los templos. Israel no ofrece sacrificios aceptables al Señor por causa de la iniquidad. En vez de querer servir al Señor en rectitud, Israel desea que el Señor le sirva a ella en su maldad.

En el versículo 25, el Señor ofrece el perdón por medio del arrepentimiento: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por mi causa, y no me acordaré de tus pecados”. El perdón esta disponible a la Israel apóstata gracias a la Expiación del Señor Jesucristo. Como declaró José Smith: “Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio”.[44] El Señor confirmó el significado intencionado por Isaías a Sus seguidores en los últimos días: “He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más”.[45]

En el versículo 26 el Señor implora al Israel rebelde a que se arrepienta: “Hazme recordar; entremos a juicio juntamente; habla tú para justificarte”. “Habla tú para justificarte” significa “confiesa tus pecados”.

En el versículo 27 el Señor reconoce la caída de Adán y su impacto sobre la humanidad pecaminosa y el efecto de la corrupción de los dirigentes políticos y eclesiásticos: “Tu primer padre pecó, y tus enseñadores transgredieron contra mí”. “Transgredir” significa ofender o rebelarse contra Dios.[46]

El versículo 28 describe las serias consecuencias de los pecados del pueblo de Israel: “Por tanto, yo profané a los príncipes del santuario, y puse como anatema a Jacob y como oprobio a Israel”.[47] El Señor cesaría de reconocer las ordenanzas del “santuario”, o sea del templo. El que el Señor haya profanado “a los príncipes del santuario” significa que Él ha deshonrado a los ministros y los sacerdotes del templo, dejando de reconocer su autoridad sacerdotal por causa de la apostasía extrema de Israel. Como fue predicho aquí por Isaías, el Señor cesó de reconocer las ordenanzas del templo al tiempo de la crucifixión, simbolizado por el velo del templo siendo rasgado “en dos, de arriba abajo”.[48]

Notas


[1]. Juan 1:1-5.

[2]. Véase Mateo 17:5; Marcos 9:7; Lucas 9:35; 3 Nefi 11:7; JS-Historia 1:17.

[3]. Éxodo 3:13-14.

[4] . F. Brown, S. Driver, y C. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Léxico Hebreo e Inglés de Brown, Driver y Briggs]: Hendrickson Publishers, Peabody, MA, 01961-3473, 1996, Número de Strong 3068, pág. 217-218.

[5]. Juan 8:56-59.

[6]. Véase Génesis 22:16-18.

[7]. Véase Éxodo 14:21-31.

[8]. Isaías 8:7; 17:12-13; 28:2, 17.

[9]. Véase Isaías 1:7, 28; 30:27, 30, 33; 33:11-12 y su respectivo comentario.

[10]. Doctrina y Convenios 18:10.

[11]. Véase Jacob 5.

[12]. Jacob 5:64-65.

[13]. Himnos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992, Himno Número 40, “Qué firmes cimientos”, versículos 2-5.

[14]. Véase Éxodo 14:26-28.

[15]. Véase 2 Reyes 17:6-8; Isaías 7:8; 8:4; 17:2; 42:24; 49:12; 54:7.

[16]. Véase Isaías 41:5, 9; 42:10; 45:22.

[17]. 3 Nefi 20:13; véanse versículos 11-13 .

[18]. 3 Nefi 27:5-6.

[19]. 2 Crónicas 7:14.

[20]. Véase 1 Nefi 5:13.

[21]. Véase Isaías 45:4; 65:1; Jeremías 7:10-11, 14, 30; 25:29,34; 34:15.

[22]. Moroni 4:3.

[23]. Deuteronomio 29:4.

[24]. Véase Mateo 11:15; 13:9, 43; Marcos 4:9, 23; 7:16; Lucas 8:8; 14:35.

[25]. 2 Nefi 25:20.

[26]. Juan 8:58.

[27]. Isaías 43:13, nota al pie de página 13a.

[28]. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española,vigésima segunda edición: Redentor.

[29]. Véase Éxodo 14:21-31.

[30]. 3 Nefi 12:46-47.

[31]. Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 262.

[32]. Véase Alma 34:10.

[33]. Parry, 2001, pág. 175.

[34]. Véase Isaías 12:3; 30:25; 35:6-7; 55:1, 10-11; 58:11 y su respectivo comentario.

[35]. Véase Isaías 41:17-20 y su respectivo comentario.

[36]. Doctrina y Convenios 132:5-6. Véase también Doctrina y Convenios 131:2; 132:19, 26-27, 41-42.

[37]. Brown et al., 1996, Número de Strong 8577, pág. 1072.

[38]. Véase Isaías 56:9 y su respectivo comentario.

[39]. Véase Isaías 12:3; 35:6-7; 55:10-11; 58:11.

[40]. Véase Isaías 35:1-2 y su respectivo comentario.

[41]. Los versículos 1 al 21 forman un quiasma a gran escala: Jehová, Creador tuyo/aguas…ríos/fuego, no te quemarás/Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador/Egipto he dado por tu rescate; a Etiopía y a Seba, a cambio de ti/daré, pues, hombres a cambio de ti… traeré… los creé…los formé/Vosotros sois mis testigos/Yo, yo soy Jehová/fuera de mí no hay quien salve/Vosotros, pues, sois mis testigos/yo actúo/Babilonia e hice descender a todos ellos como fugitivos, aun el clamor jactancioso de los caldeos/Yo soy Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey/como pabilo quedan apagados/agua…ríos/este pueblo he formado para mí.

[42]. Brown et al., 1996, Número de Strong 7716, pág. 961.

[43]. Los versículos 22 a 24 contienen un quiasma: de mí te cansaste, oh Israel/sacrificios/ofrenda/ incienso/caña aromática/grosura/sacrificios/me fatigaste.

[44]. Artículos de fe, 1:3.

[45]. Doctrina y Convenios 58:42.

[46]. Brown et al., 1996, Número de Strong 6586, pág. 833.

[47]. Los versículos 25 a 28 contienen un quiasma: Yo, yo soy el que borro/rebeliones/por mi causa/no me acordaré/hazme recordar/habla tú para justificarte/transgredieron contra mí/yo profané a los príncipes del santuario.

[48]. Véase Mateo 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45.

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2 respuestas a Capítulo 43: “Daré agua en el desierto, ríos en el yermo”

  1. nos sirven de gran ayuda, entendimiento, conocimiento de la palabra de DIOS, y así deberíamos ayudarnos en todo el mundo.
    Felicitaciones, que DIOS, los bendiga.

    Por favor les agradezco, comentarios sobre Isaias capitulo 56 versículos 10-11. gracias.

  2. seferina dijo:

    AMEN ,GRACIAS POR LA AYUDA
    BENDICIONES

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