Capítulo 42: “No se cansará ni desmayará hasta que ponga justicia en la tierra”


Isaías: Los tiempos del cumplimiento, un comentario versículo por versículo por Iván D. Sanderson, está disponible en forma impresa en Deseret Book y Amazon.com y como un e-libro en español y en inglés para Kindle.

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La mayor parte del Capítulo 42 consta de una profecía acerca de la venida del  Mesías—tanto Su ministerio mortal como Su Segunda Venida. Los versículos 1 al 3 fueron citados por el Señor Jesucristo en Su ministerio terrenal y registrados por Mateo. Como parte de Su ministerio abriría los ojos de los ciegos, destaparía  los oídos de los sordos y sacaría de la cárcel a los presos. Mientras vivió el Señor realizó muchos milagros de sanidad en los cuales Él restauró vista y oído—pero estos son un símbolo del mayor milagro espiritual de la misión del Señor, según lo atestiguado en este capítulo.

La liberación de los presos es una parte fundamental de la Expiación, la cual se lleva a cabo por medio del sacrificio infinito del Señor. Si Él no hubiera proveído la bendición de la resurrección para toda la familia humana vicariamente a través del sacrificio de Su propia vida, habríamos sido encarcelados para siempre, excluidos de la presencia de Dios y privados de la bendición más grande de Dios, la del progreso eterno.[1] Como parte de la restauración de los últimos días, el Señor devolvería las llaves del sacerdocio a la tierra a través de los mismos antiguos profetas que las poseyeron. Las llaves del sacerdocio son necesarias para que las ordenanzas de salvación puedan ser realizadas por los muertos que no recibieron tales ordenanzas durante sus vidas mortales. De este modo, la vía hacia la salvación sería abierta para todos y los presos, tanto los vivos como los muertos,[2] serían rescatados de la prisión.

Algunas partes del Capítulo 42 son paralelas sinónimamente con partes del Capítulo 41; la comparación de éstas nos permite mayor entendimiento.[3] Este capítulo contiene algunos quiasmas que son factibles si se usa la redacción de la traducción de José Smith (TJS).

Este capítulo comienza con una declaración de Dios el Padre concerniente a la misión de Su Hijo, Jesucristo. Por lo que se dice en el registro no sabemos si el Padre habló directamente a Isaías; es posible que el Señor Jesucristo habló en los primeros 7 versículos usando las palabras de Su Padre mediante el principio de la investidura divina.  El Señor Jesucristo habla comenzando en el versículo 8, describiendo Su propia misión. Los versículos 1 al 3, citados por el Señor Jesucristo durante Su ministerio terrenal y registrados por Mateo, varían en detalle significativo cuando se comparan con su presentación en el Antiguo Testamento.[4]

En los versículos 1 al 9 Dios el Padre proclama al Mesías como Su siervo, presagiando la obediencia total de Cristo a los mandamientos de Su Padre. Estos versículos son paralelos sinónimamente a los versículos 8 al 10 del capítulo 41, en los cuales se proclama a Israel como siervo del Señor. Los versículos 1 al 4 también son reconocidos como el primero de cuatro “cánticos de siervo” en las escrituras de Isaías.[5]

En estos cánticos, las características de un siervo del Señor se presentan como un salmo. Como se enuncia por Isaías en los cuatro cánticos de siervo, Cristo es el mejor ejemplo, sirviendo fielmente a Su Padre y obedeciéndolo en todas las cosas.[6] Varios profetas incluyendo a Isaías[7] también cumplen con el criterio de un siervo del Señor.[8] Otros que ejemplifican cualidades cristianas como siervos incluyen la casa entera de Israel;[9] José Smith, el gran profeta de la restauración;[10] los santos de los últimos días,[11] y posiblemente otros.

El versículo 1 declara: “He aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma se complace. He puesto sobre él mi espíritu; él traerá justicia a las naciones”. Mateo escribe, con diferencias mostradas en letra cursiva: “He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma. Pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio”.[12]

La voz es la de Dios el Padre que proclama a Su hijo, Jesucristo. “Mi siervo” significa que el Señor sirve al Padre Eterno fielmente, con una obediencia completa. “Mi Amado, en quien  se agrada mi alma” refleja las palabras que el Padre habló al presentar a Su hijo en varias ocasiones. Marcos escribió:

“…Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
“E inmediatamente, subiendo del agua, vio abrirse los cielos y al Espíritu como paloma que descendía sobre él.
“Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco” (énfasis añadido).[13]

Otros tres casos son registrados en las escrituras en los que el Padre proclamó y presentó a Su hijo, los cuales utilizan éstas palabras u otras semejantes. Estos casos incluyen la transfiguración en el monte alto,[14] la aparición del Señor resucitado a los Nefitas en el continente americano,[15] y la primera visión de José Smith en la primavera de 1820.[16] Dios el Padre está bien complacido con Su hijo, quien es amado por Él; Jesucristo es elegido y sustentado por Dios y enviado por Él a las naciones de la tierra. Otros siervos que ejemplifican cualidades cristianas encajan con este mismo criterio.

“Juicio”, como se usa en el versículo 1, significa “juicio social”.[17] Otros significados para “juicio” que se hallan en las escrituras de Isaías incluyen la equidad,[18] retribución,[19] buen razonamiento,[20] y un sistema justo de leyes.[21]

El versículo 2 continúa: “No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas”.

Mateo registró: “No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz”.[22] Esto significa que Jesucristo como siervo no se levantaría en sedición ni sería revolucionario; tampoco incitaría a la rebelión o la violencia. Otros siervos que encajan en la descripción de Isaías también evitarían los conflictos y la violencia—una clave importante para identificar quién habla por Dios a través de las diferentes épocas, y particularmente en los últimos días.

El versículo 3 declara también: “No quebrará la caña cascada ni apagará el pabilo que humea; traerá la justicia con fidelidad”. Mateo presenta: “La caña cascada no quebrará, y el pabilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio”.[23] El significado es que el Señor no dañaría ni al débil ni al vulnerable, reafirmando que Él no incitaría la violencia hasta después del tiempo de Su crucifixión y resurrección. Esta profecía de Isaías es otra de varias citadas por los escritores en el Nuevo Testamento que han sido cumplidas por los acontecimientos en la vida de Jesucristo.[24] “Justicia”, como se usa aquí, significa “buen razonamiento”.[25]

Jesús citó estos versículos de Isaías bajo circunstancias que ocurrieron al inicio de Su ministerio. Después de efectuar curaciones milagrosos y ser seguido por una multitud de personas, Él encargó a Sus seguidores y a aquellos quienes Él había curado que no hablaran abiertamente acerca de lo que habían presenciado. Mateo registró:

“Y cuando salieron los fariseos, consultaron entre sí contra Jesús para destruirle.
“Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos.
“Y él les encargaba rigurosamente que no le descubriesen,
“para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías…”.[26]

Entonces el Señor citó los primeros tres versículos de Isaías 42, presentados en la redacción de Mateo.

El versículo 4 continúa las palabras de Dios el Padre: “No se cansará ni desmayará hasta que ponga justicia en la tierra. Y las islas esperarán su ley”.[27] El Padre testifica que a pesar del tratamiento más injusto jamás impuesto, el sufrimiento más intenso jamás sufrido, y la muerte por el método más doloroso e ignominioso conocido, Jesucristo no fallaría en Su misión de salvación ni se sentiría desalentado. “Y las islas esperarán su ley” puede en parte referirse a los Nefitas en el continente americano, a quienes Cristo visitó después de Su crucifixión y resurrección.  Nefi, citando su hermano Jacob, registró que se hallaban “en una isla del mar”.[28] Otros siervos emulando a Cristo exhibirían gran valor y perseverancia en lograr los deberes que les fueron asignados por el Señor; muchos sacrificarían sus vidas para sellar sus testimonios.

En el versículo 5, las palabras de Dios el Padre continúan: “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos y el que los despliega, el que extiende la tierra y sus frutos, el que da aliento al pueblo que mora sobre ella y espíritu a los que por ella andan”— Él quien habla es el Creador de los cielos y la tierra—Él que da vida a la gente en la tierra, y el Padre de los espíritus de los hombres.[29]

En el versículo 6, el Padre habla a Su Hijo: “Yo, Jehová, te he llamado en justicia, y te sostendré de la mano, y te guardaré y te pondré como convenio para el pueblo, como luz para las naciones”— El motivo para el uso por Dios el Padre del título de Jehová en estos versículos no es conocido, pero está claro quién es el Padre de los espíritus de los hombres. El significado en hebreo del sagrado nombre de Jehová es “Yo soy el que soy”,[30] o sea el Dios que verdaderamente existe, lo que se aplicaría tanto al Padre como al Hijo. Sin embargo, por costumbre, el título de Jehová se utiliza para designar al Hijo.[31] El Padre, quien enviaría al Mesías lo llevaría de la mano, lo protegería, y lo daría como un convenio para Israel y como una luz para las naciones de la tierra. Los siervos del Señor, que también encajan con la descripción dada por Isaías, serían llamados de Dios,[32] protegidos, e inspirados mientras testifiquen a las naciones de la tierra.

El Señor reveló lo siguiente al profeta José Smith: “Y así he enviado al mundo mi convenio sempiterno, a fin de que sea una luz al mundo y un estandarte a mi pueblo, y para que lo busquen los gentiles, y sea un mensajero delante de mi faz, preparando el camino delante de mí”.[33]

Durante el ministerio terrenal de Cristo y brevemente después, el evangelio fue dado primero a los judíos [34] y después a los gentiles.[35] Quiásticamente, la primera parte de la dispensación del cumplimiento de los tiempos se llama “la plenitud de los gentiles”,[36] después de la cual el evangelio será dado otra vez a los Judíos.[37]

Las palabras de Dios el Padre en los versículos 5 y 6 forman un quiasma:

A: (5) Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos y el que los despliega,
B: el que extiende la tierra y sus frutos,
C: el que da aliento al pueblo que mora sobre ella
C: y espíritu a los que
B: por ella andan:
A: (6) Yo, Jehová, te he llamado en justicia, y te sostendré de la mano, y te guardaré y te pondré como convenio para el pueblo, como luz para las naciones—

El mensaje de este quiasma es que Dios, el Creador de todo, que da aliento y espíritu a los que moran en la tierra, sostendrá a su Hijo unigénito durante Su ministerio terrenal.

El versículo 7 expone más sobre la misión del Mesías: “para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”. El abrir los ojos de los ciegos tiene un significado tanto espiritual como temporal. No sólo restauró milagrosamente la vista a los ciegos;[38] el Señor enseñó  la verdad a los que estaban encarcelados en la oscuridad espiritual. La mayor parte del ministerio terrenal del Señor se dedicó a enseñar las verdades del Evangelio a la gente que Él encontraba, llevándolas de la oscuridad espiritual—o sea, la ignorancia del plan de salvación—a la luz de la verdad. El apóstol Pedro resume: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (énfasis añadido).[39] Otros siervos serían llamados por el Señor y les sería dado poder para traer a la luz a los que están espiritualmente ciegos, y para proporcionar las ordenanzas de la salvación a los que se hallan en la cárcel de los espíritus.

Al introducir la doctrina del bautismo por los muertos a los miembros de la iglesia, el profeta José Smith exclamó: “…¡Alcen los muertos himnos de alabanza eterna al Rey Emanuel que, antes de existir el mundo, decretó lo que nos habilitaría para redimirlos de su prisión; porque los presos quedarán libres!” (énfasis añadido).[40]

El Señor añade otra dimensión a la liberación de los prisioneros de la esclavitud—la resurrección, que sucederá entre los justos al tiempo de Su Segunda Venida: “Pues ya que habéis considerado como un cautiverio la larga ausencia de vuestro espíritu fuera del cuerpo, yo os enseñaré cómo vendrá el día de la redención y también la restauración del Israel disperso”.[41]

En el versículo 8, el Señor Jehová—el Hijo del Padre Eterno—habla: “¡Yo soy Jehová; éste es mi nombre! Y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a imágenes talladas”. El Señor se identifica a sí mismo como Él que habla. Quiásticamente, “Jehová” es antitético a “imágenes talladas”. Esta declaración del Señor es paralela a Su introducción de los Diez Mandamientos:

“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
“No tendrás dioses ajenos delante de mí.
“No te harás imagen…”.[42]

Aquel que habló a Isaías es el mismo que dio los Diez Mandamientos a Moisés.

Los versículos 6 al 8 contienen un quiasma:

A: (6) Yo, Jehová, te he llamado en justicia, y te sostendré de la mano, y te guardaré y te pondré como convenio para el pueblo, como luz para las naciones,
B: (7) para que abras los ojos de los ciegos,
C: para que saques de la cárcel a los presos
C: y de casas de prisión
B: a los que moran en tinieblas.
A: (8) ¡Yo soy Jehová; éste es mi nombre! Y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a imágenes talladas.

“Para que saques de la cárcel a los presos” se asemeja a “de casas de prisión”, y “para que abras los ojos de los ciegos” se asemeja a  “a los que moran en tinieblas”.  Los que moran en las tinieblas por causa de su ignorancia del plan de salvación—los que están encarcelados por causa de su falta de conocimiento, serán liberados por el Señor por medio de la Expiación. Nótese que: “Yo, Jehová” en el principio de este quiasma se refiere a Dios el Padre, mientras “Yo soy Jehová” en la última frase se refiere a Su hijo, Jesucristo. El significado hebreo del título “Jehová” es “Yo soy el que soy”,[43] el cual se aplica tanto al Padre como al Hijo.

En el versículo 9 el Señor continúa describiendo Su ministerio: “He aquí, las cosas anteriores se han cumplido, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré saber”. Pablo amplifica: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.[44] La ley de Moisés se cumplió con la crucifixión y resurrección de Cristo, quién predice este cambio en este versículo. El Señor, al predicar a los Nefitas en el continente americano después de Su resurrección, clarifica: “Por tanto, estas cosas que existían en la antigüedad, que se hallaban bajo la ley [de Moisés], se han cumplido todas en mí”.[45]

Los versículos 10 al 13 son paralelos sinónimamente a los versículos 11 al 16 del Capítulo 41, los cuales proclaman que Israel será sustentado por el Señor, que dominará a sus enemigos.

Los versículos 10 al 12 comprenden una canción de salvación. En ella se describe la alabanza que se ofrecería al Señor resucitado por los dispersados de Israel—que están esparcidos desde los extremos de la tierra hasta las islas, las ciudades y las aldeas del desierto, de la piedra, y de la cima de los montes. El versículo 10 comienza: “Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el extremo de la tierra, los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las islas y sus moradores”. “Desde el extremo de la tierra” significa “desde la mayor distancia”.[46] Como alude el versículo 10, una parte de los esparcidos de Israel habitaban las islas del mar—los que descendieron al mar, sobre el cual viajaron por barco a una tierra nueva.[47] Su relato se presenta en el Libro de Mormón—la venida del cual se describió anteriormente por Isaías, en el capítulo 29.[48]

El versículo 11 continúa la alabanza: “Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela; desde la cumbre de los montes den voces de júbilo”. “La cima de los montes”, que se citó por Isaías en el Capítulo 2 como un lugar para el recogimiento de los justos en los últimos días,[49] es el significado de “Utah” en el idioma de los indios Ute.[50] Estos sitios son lugares donde moran los dispersados de Israel, algunos de los cuales fueron visitados por el Señor resucitado después de Su visita a los Nefitas.[51] Cedar fue un hijo de Ismael.[52]

El versículo 12 completa la canción de salvación: “Den gloria a Jehová y anuncien sus loores en las islas”.[53] Otra vez, “islas” se refiere a tierras lejanas en las cuales moran los esparcidos de Israel.[54]

La canción de salvación de los versículos 10 al 12 se estructura como un quiasma:

A: (10) Cantad
B: a Jehová un nuevo cántico,
C: su alabanza desde el extremo de la tierra;
D: los que descendéis al mar,  y cuanto hay en él,
E: las islas y sus moradores.
F: (11) Alcen la voz el desierto y sus ciudades,
F: las aldeas donde habita Cedar;
E: canten los moradores de Sela,
D: y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo.
C: (12) Den gloria
B: a Jehová
A: y anuncien sus loores en las islas.

El mensaje de este quiasma es que los hijos dispersados de Israel, en los distintos lugares en los que han sido esparcidos, dan alabanza al Señor. “Cantad” se asemeja a “anuncien sus loores”; “los que descendéis al mar” complementa “desde la cumbre de los montes den voces de júbilo”. Lehi y su familia descendieron al mar, el cual cruzaron para obtener la tierra prometida de América—en donde está localizado el sitio conocido como “la cumbre de los montes”.

Los versículos 13 al 15 describen el comportamiento del Señor en Su Segunda Venida, que contrasta marcadamente con la descripción de su ministerio presentado por Dios el Padre en los versículos 1 al 4. En el tiempo de Su venida, ya no será quieto o apacible pero irá adelante como un hombre de guerra para dominar a Sus enemigos. El versículo 13 comienza: “Jehová saldrá como hombre poderoso, y como hombre de guerra despertará celo; gritará, sí, voceará; prevalecerá sobre sus enemigos”. “Celo” significa “cuidado” o “diligencia”.[55] Isaías predice este evento también en el capítulo 31:

“Porque Jehová me dijo a mí de esta manera: Como el león, o como el cachorro del león, ruge sobre su presa, y cuando se reúne contra él una cuadrilla de pastores, no temerá por sus voces ni se acobardará por el tropel de ellos; así Jehová de los ejércitos descenderá a pelear sobre el monte Sión y sobre su collado”.[56]

Los versículos 14 al 17 son paralelos sinónimamente a los versículos 17 al 20 del Capítulo 41, los cuales declaran que el Señor dará inspiración y revelación a los humildes, devastará a los enemigos de Israel, y avergonzará a los que adoran ídolos.

El versículo 14 continúa con los temas comenzados en el versículo 13: “Desde hace mucho tiempo he callado, he guardado silencio, me he contenido; daré voces como la que está de parto, jadearé y resollaré a la vez”. El Señor ya no se mantendrá en silencio sino gritará fuertemente y destruirá a Sus enemigos.

El versículo 15 concluye: “Devastaré montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos convertiré en islas y secaré los estanques”.[57], [58] “Montes y collados” significa naciones grandes y pequeñas,[59] y “ríos” significa ejércitos que avanzan.[60] Los inicuos serán destruidos en la Segunda Venida del Señor, dejando despobladas a naciones enteras de los inicuos y destruídos sus ejércitos.

El versículo 16 continúa con la predicción del Señor de Su Segunda Venida, ahora describiendo Su trato a los mansos: “Y guiaré a los ciegos por un camino que no conocían, los haré pisar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré y no los desampararé”.[61] Los “ciegos” significa los que se hallan en la oscuridad espiritual por causa de la maldad y apostasía. El Señor los restaurará al conocimiento verdadero del camino hacia la salvación—la vía estrecha y angosta, el conocimiento verdadero que había sido perdido o corrompido.[62] La oscuridad espiritual que había prevalecido a lo largo de la Edad Oscura—comenzando con la apostasía que terminó la era apostólica—sería dispersada por la luz de la verdad, restaurada por la revelación desde los cielos.[63] Los caminos escabrosos espirituales que resultaron por la corrupción del conocimiento de la vía estrecha y angosta, otra vez se harían rectos.[64]

El versículo 16 contiene un quiasma:

A: (16) Y guiaré a los ciegos por camino que no conocían,
B: los haré pisar
C: por sendas que no habían conocido;
D: delante de ellos cambiaré las tinieblas
D: en luz
C: y lo escabroso en llanura.
B: Estas cosas les haré
A: y no los desampararé.

El mensaje de este quiasma es que el Señor guiará a los que son ciegos espiritualmente,  proporcionándoles la luz de la inspiración y disipando la oscuridad espiritual. “Por camino que no conocían” se complementa con “y lo escabroso en llanura”. Esta conexión confirma que la vía estrecha y angosta, que había sido torcida por la desobediencia y apostasía, sería enderezada por medio de la revelación divina del Señor.[65]

El versículo 17 denuncia a los idólatras: “Serán vueltos atrás y en extremo avergonzados los que confían en imágenes talladas y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses”. La idolatría no sólo es la adoración de dioses paganos sino también es la adoración de bienes materiales, como Isaías describió en el capítulo 2.[66] El materialismo llegaría a ser el credo predominante en los últimos días antes de la Segunda Venida del Señor; aquellos cuya creencia se centra en la idolatría materialista se avergonzarían grandemente.

El versículo 18 proclama la restauración en los últimos días: “Sordos, oíd; y vosotros ciegos, mirad para ver”. A los que son espiritualmente sordos y ciegos, engañados por doctrinas falsas y corrompidas por la apostasía, se les daría la oportunidad de oír y ver.

El versículo 19 explica cómo estos ciegos verían y estos sordos oirían: “¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo como mi mensajero que envié? ¿Quién es tan ciego como el perfecto, y tan ciego como el siervo de Jehová?” Estas palabras se resultan confusas porque “se han quitado muchas cosas claras y preciosas” de la escritura.[67] José Smith, quién leyó la Biblia usando el Urim y Tumim—los mismos instrumentos divinamente preparados con los que él tradujo el Libro de Mormón del egipcio reformado—discernió el significado pretendido, registrado en la traducción de José Smith:[68]

Porque enviaré mi siervo a vosotros que sois ciegos; sí, un mensajero para abrir los ojos de los ciegos y destapar los oídos de los sordos; y serán hechos perfectos no obstante su ceguera, si escuchan al mensajero, el siervo de Jehová“.[69]

Como se estableció en el versículo 1 anteriormente, “mi siervo” se refiere al Señor Jesucristo. Presentado primero por Dios el Padre, el Señor habló con el joven profeta, José Smith, para empezar la gran obra de la restauración en los últimos días.[70]

El versículo 20 describe la ceguera y sordera espirituales de Israel: “Tú ves muchas cosas, pero no las observas. Los oídos están abiertos, pero nadie oye” La TJS presenta, con las diferencias puestas en letra cursiva: “Tú eres un pueblo que ve muchas cosas, pero no las observas. Los oídos [tienes] abiertos para oír, pero no oyes”.[71] Israel se ha quedado ciega y sorda con respecto a las cosas espirituales por causa de su apostasía. Como un símbolo, esta declaración también describe la era de la apostasía cristiana que caracterizó al período precedente a la restauración de los últimos días. Isaías predijo estos períodos de apostasía, escribiendo su libro de profecía en clave para que fuera claro al lector con el espíritu de profecía pero incomprensible para el que no sea digno de este gran don espiritual. El Señor instruyó a Isaías: “Anda y di a este pueblo: Oíd bien, pero no entendáis; ved bien, pero no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos y ciega sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón…”.[72]

El versículo 18 y TJS 19, 20 y 21 forman un quiasma:

A: (18) Sordos, oíd;
B: y vosotros ciegos, mirad para ver.
C: (TJS 19) Porque enviaré mi siervo a vosotros
D: que sois ciegos;
E: sí, un mensajero para abrir los ojos de los ciegos
E:  y destapar los oídos de los sordos;
D: (TJS 20) y serán hechos perfectos no obstante su ceguera,
C: si escuchan al mensajero, el siervo de Jehová.
B: (TJS 21) Tú eres un pueblo que ve muchas cosas, pero no las observas.
A: Los oídos [tienes] abiertos para oír, pero no oyes.

Este quiasma se enfoca en “sí, un mensajero para abrir los ojos de los ciegos,” el cual es reflejado por “y destapar los oídos de los sordos”, como se revela en la traducción de José Smith de este pasaje. “Sordos, oíd” contrasta con “Los oídos [tienes] abiertos para oír, pero no oyes”; “y vosotros ciegos, mirad para ver” contrasta con “tú eres un pueblo que ve muchas cosas, pero no las observas”; y “mi siervo” se asemeja a “el siervo de Jehová”, identificando que Dios el Padre es el que habla. La sordera y la ceguera, como se utilizan aquí, se refieren a lo espiritual más bien que a las discapacidades físicas. Este quiasma funciona bien si se usan palabras de la traducción de José Smith, las cuales se muestran en letra cursiva.

El versículo 21 dice: “Jehová se complació, por causa de su justicia, en magnificar la ley y engrandecerla”. La TJS presenta el versículo como una condenación de la apostasía, con diferencias mostradas en letra cursiva: “Jehová no está complacido con tal pueblo, mas por causa de su justicia, magnificará la ley y la engrandecerá”.[73] La ley de Moisés había sido deshonrada por causa de la apostasía de Israel. No obstante, el Señor la haría honorable nuevamente durante Su ministerio terrenal al cumplirla. En el Sermón del Monte, Jesús proclamó:

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.[74]

El versículo 22 describe los resultados de la apostasía de Israel: “Mas éste es un pueblo saqueado y despojado, todos ellos atrapados en cavernas y escondidos en cárceles; se han convertido en botín, y no hay quien los libre; y en despojo, y no hay quien diga: Restituidlos”. La TJS da más detalles, con diferencias mostradas en letra cursiva: “Tú eres un pueblo saqueado y despojado; tus enemigos, todos ellos, te han atrapado en cavernas y te han escondido en cárceles; te han tomado como botín, y no hay quien [te] libre; como despojo, y no hay quien diga: Restituidlo”.[75]

El versículo 23 describe las condiciones bajo las cuales se llevaría a cabo la restauración: “¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará con respecto al porvenir?” Al escuchar las palabras del Señor y profecías del futuro, la gente se prepararía para las bendiciones de la restauración.

El versículo 24 describe la causa de las aflicciones de Israel: “¿Quién dio a Jacob en botín y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? Porque no quisieron andar en sus caminos ni escucharon su ley”. Isaías presenta una pregunta retórica, y la contesta con otra, estableciendo que el Señor entregó a Israel a sus enemigos a causa de la iniquidad. Finalmente, él declara que fue el error en recibir las ordenanzas de salvación y obedecer la ley del Señor que resultó en que el reino de Israel fuera llevado cautivo.[76]

El versículo 25 explica más sobre esto: “Por tanto, derramó sobre él el furor de su ira y la ferocidad de la guerra; y le prendió fuego alrededor, pero no se dio cuenta; y lo encendió, pero no hizo caso”. Esta profecía alude a las quemas que se llevarían a cabo en la Segunda Venida.[77] Israel ha recibido la ira del Señor, manifestada en los estragos de la batalla y el fuego devastador. A pesar de estos castigos Jacob no logra entender los motivos fundamentales del castigo del Señor.

Los versículos 22 y 23 de la TJS y los versículos 23 al 25 de la traducción Reina-Valera de 2009 forman un quiasma:

A: (TJS 22) Jehová no está complacido con tal pueblo, mas por causa de su justicia,
B: magnificará la ley y la engrandecerá.
C: (TJS 23) Tú eres un pueblo saqueado
D: y despojado; tus enemigos, todos ellos, te han atrapado en cavernas y te han escondido en cárceles; te han tomado como botín, y no hay quien [te] libre; como despojo, y no hay quien diga: Restituidlo.
E: (23) ¿Quién de vosotros oirá esto?
E: ¿quién atenderá y escuchará con respecto al porvenir?
D: (24) ¿Quién dio a Jacob en botín
C: y entregó a Israel a saqueadores?
B: ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? Porque no quisieron andar en sus caminos ni escucharon su ley.
A: (25) Por tanto, derramó sobre él el furor de su ira y la ferocidad de la guerra; y le prendió fuego alrededor, pero no se dio cuenta; y lo encendió, pero no hizo caso.

Los elementos de este quiasma también son aparentes en la traducción Reina-Valera del 2009, pero sus significados son menos claros. “¿Quién de vosotros oirá esto?” y su reflexión “¿quién atenderá y escuchará con respecto al porvenir?” describen circunstancias bajo las cuales el recogimiento de Israel comenzaría. El lado ascendente del quiasma describe el resultado del error de la casa de Israel de oír y atender y escuchar, mientras que la causa de sus tribulaciones es trazada en el lado descendente.

Notas


[1]. Véase Mosíah 16:6-8.

[2]. Véase Doctrina y Convenios 110:13-16.

[3]. Victor L. Ludlow, Isaiah: Prophet, Seer, and Poet [Isaías: Profeta, Vidente, y Poeta]: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1982, pág. 349-356.

[4]. Véase Mateo 12:18-20.

[5]. Ludlow, 1982, pág. 358-360. Los cuatro cánticos de siervo se hallan en Isaías 42:1-4, 49:1-6; 50:4-9 y 52:13 al 53:12.

[6]. Véase Juan 6:38.

[7]. Véase Isaías 49:5; Amós 3:7; Apocalipsis 10:7.

[8]. Ludlow, 1982, pág. 358-360.

[9]. Véase Isaías 41:8-10 y su respectivo comentario.

[10]. Véase Doctrina y Convenios 1:17, 29; 19:13; 28:2; 35:17-18.

[11]. Véase Doctrina y Convenios 1:6; 42:63; 44:1; 68:5-6; 133:30, 32.

[12]. Mateo 12:18.

[13]. Marcos 1:9-11. Véase también Mateo 3:17; Lucas 3:21-22.

[14]. Mateo 17:1-5.

[15]. 3 Nefi 11:7.

[16]. José Smith—Historia 1:17.

[17]. Véase Isaías 5:7; 28:6; 59:8, 15.

[18]. Véase Isaías 1:21; 30:18; 32:1; 33:5; 41:1; 49:4; 53:8.

[19]. Véase Isaías 1:17; 3:14; 4:4; 34:5.

[20]. Véase Isaías 1:17; 28:7; 40:14, 27; 42:3; 59:8.

[21]. Véase Isaías 51:4; 54:17.

[22]. Mateo 12:19.

[23]. Mateo 12:20.

[24]. Véase Mateo 12:17; véase también Isaías 6:10, su respectivo comentario y apostilla.

[25].  Véase Isaías 1:17; 28:7; 40:14, 27; 59:8.

[26]. Mateo 12:14-17.

[27]. El versículo 4 contiene un quiasma reconocido en el hebreo original: Hasta que ponga/la tierra/justicia/su ley/las islas/esperarán. En Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 262.

[28]. Véase 2 Nefi 10:20; véase también Isaías 24:15; 42:10-12; 49:1; 51:5; 60:6, 9 y su respectivo comentario.

[29].  Véase Isaías 40:28; 41:20; 44:24; 45:12; Moises 1:33; 4:2.

[30] . Véase Éxodo 3:14.

[31]. Véase Doctrina y Convenios 110:3-4; 2 Nefi 22:2;  Moroni 10:34; Doctrina y Convenios 109:34, 42, 56, 68; 128:9, 17; 133:64; Abrahán 1:16; 2:8.

[32]. Véase Artículo de Fe 5; Hebreos 5:4.

[33]. Doctrina y Convenios 45:9.

[34]. Véase Mateo 10:6; 15:24.

[35]. Véase Hechos 10:9-48.

[36]. Véase Romanos 11:25.

[37]. Véase 1 Nefi 13:42. Véase también Mateo 19:30; 20:16; Marcos 10:31; Jacob 5:63; Éter 13:12; Doctrina y Convenios 29:30.

[38]. Véase Mateo 11:4-6; Salmos 146:8.

[39]. 1 Pedro 2:9.

[40]. Doctrina y Convenios 128:22. Véase también Isaías 24:22; 49:9; 61:1; Hebreos 11:40; 1 Pedro 3:18-20; Doctrina y Convenios 76:73-74; 138:11-34.

[41]. Doctrina y Convenios 45:17.

[42]. Éxodo 20:2-4.

[43]. Véase Éxodo 3:14.

[44]. 2 Corintios 5:17.

[45]. 3 Nefi 12:46.

[46]. Véase Isaías 40:28; 41:5, 9; 43:6.

[47]. Véase 1 Nefi capítulos 17 y 18. Véase 2 Nefi 10:20; véase también Isaías 24:15; 42:4; 49:1; 51:5; 60:6, 9 y su respectivo comentario.

[48]. Véase Isaías 29:11-14.

[49]. Véase Isaías 2:2, 14 y 2 Nefi 12:2, 14; Isaías 11:9; 13:2, 4; 30:25 y su respectivo comentario.

[50]. Véase Isaías 2:2 y su comentario respectivo. Véase también Joseph Fielding McConkie, Gospel Symbolism [El símbolismo en el evangelio]: Bookcraft, Inc. Salt Lake City, UT, pág. 129-130, y “The Mountain of the Lord [El monte del Señor]” (videotape), La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1993.

[51]. Véase 3 Nefi 15:15-24 y 3 Nefi 16:1-3.

[52]. Véase Génesis 25:13.

[53]. El versículo 12 contiene un quiasma reconocido en el hebreo original: Den gloria/a Jehová/sus loores/ anuncien. Parry, 2001, pág. 262.

[54]. Véase Isaías 11:11; 24:15; 42:4, 10-12; 49:1; 51:5; 60:9 y su respectivo comentario. Véase también 1 Nefi 19:10, 12, 16; 22:4;  2 Nefi 10:21; 29:7, 11; Doctrina y Convenios 1:1.

[55]. Diccionario de la lengua española, vigésima segunda edición: Real academia española, “celo”.

[56]. Isaías 31:4.

[57]. Los versículos 13 al 15 contienen un quiasma: Jehová saldrá como hombre poderoso/despertará celo/gritará, sí, voceará/desde hace mucho tiempo/he callado/he guardado silencio/daré/voces/jadearé y resollaré/devastaré.

[58]. El versículo 15 contiene un quiasma reconocido en el hebreo original: Devastaré/montes y collados/hierba/secaré los estanques. Parry, 2001, pág. 262.

[59]. Véase Isaías 2:2, 14 y 2 Nefi 12:2, 14; Isaías 11:9; 13:2, 4; 30:25 y su respectivo comentario.

[60]. Véase Isaías 8:7; 18:1, 7; 43:12 y su respectivo comentario.

[61]. Los versículos 15 y 16 contienen un quiasma: Devastaré/montes y collados/haré secar/los ríos/islas/secaré/estanques/guiaré.

[62]. Véase Isaías 26:7-8; 28:7; 40:3; 43:16, 19 y su respectivo comentario.

[63]. Véase Isaías 9:2; 2 Nefi 3:5; Doctrina y Convenios 95:6.

[64]. Véase Isaías 40:4 y su respectivo comentario.

[65]. Véase Isaías 40:4 y su respectivo comentario.

[66]. Véase Isaías 2:7-8 y su respectivo comentario.

[67]. Véase 1 Nefi 13:28.

[68]. Gordon B. Hinckley, Our Heritage: A brief History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints [Nuestra herencia: una breve historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días]: Publicado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah, 1996, pág. 24. Véase TJS Isaías 42:19-23.

[69]. TJS Isaías 42:19–23: Selecciones de la traducción de José Smith de la Biblia que son demasiado extensas para incorporarlas en las notas al pie de página son ubicadas en: Ayudas para el estudio, La Santa Biblia, Traducción de Reina-Valera, 2009 (Edición SUD). También véase Joseph Smith’s “New Translation” of the Bible [Una “Nueva Traducción” de la Biblia por José Smith]: Herald Publishing House, Independence, Missouri, 1970, pág. 207.

[70]. Véase José Smith—Historia 1:17-20.

[71]. TJS, Isaías 42:21.

[72]. Isaías 6:9-10.

[73]. TJS, Isaías 42:22.

[74]. Mateo 5:17-18.

[75]. TJS, Isaías 42:23.

[76]. Véase 2 Reyes 17:6-8; Isaías 7:8; 8:4; 17:2; 43:6; 49:12; 54:7.

[77]. Véase Isaías 1:7, 28; 30:27, 30, 33; 33:11-12 y su respectivo comentario.

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