Capítulo 38: “Y el sol retrocedió diez grados, por los cuales ya había descendido”


Isaías: Los tiempos del cumplimiento, un comentario versículo por versículo por Iván D. Sanderson, está disponible en forma impresa en Deseret Book y Amazon.com y como un e-libro en español y en inglés para Kindle.

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El capítulo 38 es el tercero de cuatro capítulos en el libro de Isaías llamados “capítulos históricos”, que describen ciertos eventos que ocurrieron durante el tiempo en que vivió  Isaías. Estos acontecimientos son símbolos proféticos que representan incidencias en los últimos días; por lo tanto, son de gran importancia para nosotros.[1]

Los eventos profetizados en el capítulo 38 se cumplieron poco tiempo después de que Isaías los predijo. Los agresores asirios, sin embargo, son ejemplos típicos de una superpotencia equivalente moderna que amenazará a la gente justa del Señor. Así como defendió a Ezequías y su pueblo antiguamente, el Señor defenderá a su pueblo en los últimos días.[2] La señal dada a Ezequías para testificar que sería curado de su enfermedad también fue dada a la ciudad de Jerusalén como una promesa del Señor que serían salvados de los Asirios. De igual manera, la señal dada en ese tiempo podría ser dada otra vez a la gente justa del Señor para asegurarles que serían salvados del equivalente moderno de los Asirios. El cumplimiento doble de la profecía, una vez en la antigüedad y otra vez en nuestros días, es el mensaje de este capítulo.

Los acontecimientos del Capítulo 38 también fueron registrados por los escribas del rey en 2da de Reyes 20:1-8. Una comparación cuidadosa de pasajes equivalentes revela que se dan diferencias en la redacción de los dos registros en casi cada versículo sin alterar considerablemente el significado. Sin embargo, el registro de los escribas del rey proporciona notablemente más detalles con respecto a los acontecimientos de este capítulo. La falta de detalles en el relato de Isaías puede indicar que la parte histórica no es tan importante para nosotros como lo es el símbolo profético presentado.

Los hechos principales que se registran en el Capítulo 38 son los siguientes: primero, que Ezequías se enferma gravemente, segundo que Isaías declara que la palabra del Señor a Ezequías es de que él moriría; tercero, que Ezequías implora al Señor para que le preserve su vida, cuarto que Isaías vuelve e informa a Ezequías que el Señor le permitiría vivir otros quince años, quinto que una señal sería dada a Jerusalén de que el Señor la defendería contra Asiria y a Ezequías de que él se recuperaría, y sexto que Ezequías alaba y da gracias al Señor. Nótese que en lugar de continuar el relato del capítulo anterior, los acontecimientos del capítulo 38 ocurrieron antes o al mismo tiempo que los del capítulo 37.[3]

El versículo 1 comienza: “En aquellos días cayó Ezequías enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová ha dicho así: Pon tu casa en orden, porque vas a morir y no vivirás más”. “En aquellos días” indica que estos acontecimientos ocurrieron antes o durante el tiempo de los del capítulo anterior, y no después de ellos.

El versículo 2 continúa: “Entonces volvió Ezequías su rostro hacia la pared, e hizo oración a Jehová”— la frase continúa en el versículo siguiente.

El versículo 3 resume la oración de Ezequías, continuando la frase del versículo 2: “Y dijo: Oh Jehová, te ruego te acuerdes ahora de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y de que he hecho lo bueno ante tus ojos. Y lloró Ezequías con gran llanto”. Ezequías razona en su oración que había caminado en obediencia delante del Señor. Su petición de que su vida fuera preservada es implicada más bien que hablada, en el breve relato de Isaías. Todos los casos de “Ezequías” en los versículos 1 al 3 son equivalentes quiásticamente, así como lo son todos los casos de “Jehová” o “Oh Jehová”.[4]

La rectitud de Ezequías se manifiesta por sus hechos:

“Él [Ezequías] quitó los lugares altos, y quebró los ídolos, y destruyó las imágenes de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.…
“Porque siguió a Jehová y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová ordenó a Moisés”.[5]

El versículo 4 continúa: “Entonces vino la palabra de Jehová a Isaías, diciendo”—continuando la oración en el versículo siguiente. El registro de los escribas del rey proporciona más detalles: “Y aconteció que antes de que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra de Jehová, diciendo”—[6]

El versículo 5 presenta las palabras del Señor, continuando la frase del versículo 4: “Ve y di a Ezequías: Jehová, Dios de tu padre David, dice así: Tu oración he oído y he visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años”.[7] “Jehová, Dios de tu padre David” acentúa que los convenios del Señor con el rey David también se referían a Ezequías.

El registro de los escribas nos da más detalles, en el cual el Señor se dirige a Isaías:

“Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David, tu padre: Yo he oído tu oración; he visto tus lágrimas. He aquí, yo te sanaré; al tercer día subirás a la casa de Jehová”.[8]

En el versículo 6, el Señor declara: “Y te libraré a ti y a esta ciudad de manos del rey de Asiria, y a esta ciudad defenderé”. Esta declaración por el Señor muestra que la enfermedad de Ezequías y los acontecimientos que la rodean ocurrieron antes de la destrucción del ejército Asirio, la cual se describió en el capítulo anterior.[9] Esta conclusión también es respaldada por el primer versículo de este capítulo, el cual comienza con “En aquellos días…”.[10] El registro de los escribas del rey añade: “…y ampararé esta ciudad por causa de mí mismo y por causa de David, mi siervo”.[11] El motivo del Señor en defender a Jerusalén fue el de honrar Su convenio con David y sus sucesores de que Él los defendería en rectitud. “Por causa de mí mismo” refleja la súplica de Ezequías en su oración: “Ahora pues, oh Jehová, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú eres Jehová”.[12]

La frase “Jehová Dios de David tu padre dice así” en el versículo 5 es seguida de cinco frases paralelas. Las dos primeras, que se hallan en el versículo 5, comienzan con “he oído” y “he visto”, refiriéndose a la oración de Ezequías y sus lágrimas. Las siguientes tres nombran las cosas que el Señor haría en respuesta a la oración de Ezequías. Estas son “yo añado a tus días quince años” en el versículo 5, y “te libraré a ti y a esta ciudad de manos del rey de Asiria” y “a esta ciudad defenderé”, ambas en el versículo 6.

En este punto de la narración de los escribas del rey, se proporciona alguna información que no se presenta en el registro de Isaías hasta el final del capítulo, donde aparece casi como una ocurrencia tardía (véase los versículos 21 y 22):

Y dijo Isaías: “Tomad una masa de higos. Y la tomaron y la pusieron sobre la úlcera, y sanó. Y Ezequías dijo a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará y de que subiré a la casa de Jehová al tercer día?”[13]

El versículo 7 (del registro de Isaías) declara: “Y esto te será como señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho”.[14] Lo que el Señor haría, como se describe en las frases paralelas del registro de los escribas citadas arriba, es curar a Ezequías y librar a Jerusalén de la mano del rey de Asiria. La señal, por lo tanto, tendría un doble propósito—para los habitantes de Jerusalén sería una afirmación de que el Señor los defendería contra los Asirios, y para Ezequías fue, además, una promesa que sería sanado y que se le otorgarían 15 años más de vida.

En el versículo 9 del registro de los escribas, Isaías pregunta a Ezequías con respecto a la señal: “¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados?”[15] El versículo siguiente proporciona más detalles: “Y Ezequías respondió: Cosa fácil es que la sombra avance diez grados, pero no que la sombra vuelva atrás diez grados”,[16] indicando que fue Ezequías quien eligió cuál de las dos opciones presentadas por Isaías sería la señal.

En el versículo 8 (del registro de Isaías), el Señor declara: “He aquí que yo haré retroceder la sombra los diez grados que ya ha descendido con el sol en el reloj de Acaz. Y el sol retrocedió diez grados, por los cuales ya había descendido”. En el día solar, esto equivaldría a un alargamiento de casi dos tercios de una hora, o 40 minutos. Es de notar que “yo haré retroceder la sombra los diez grados,” es la sexta declaración paralela  que comienza con “he oído” y “he visto”, presentadas en el versículo 5. Como las primeras cinco, ésta también sigue una estructura quiasmática.

En cuanto a las señales en los últimos días, el Señor, en una revelación al profeta José Smith, declaró:

“Y acontecerá que el que me teme estará esperando que llegue el gran día del Señor, sí, las señales de la venida del Hijo del Hombre.
“Y verán señales y maravillas, porque se manifestarán arriba en los cielos y abajo en la tierra”.[17]

Se nos informa que grandes señales y maravillas caracterizarán el tiempo poco antes de la Segunda Venida del Señor. ¡Imagínese la consternación de la comunidad científica moderna cuando procuren explicar la señal del sol que retrocederá diez grados! No obstante, esto les confortará a los que conocen las escrituras de Isaías.

Los versículos 9 al 20 comprenden un salmo escrito por el rey Ezequías con respecto a su enfermedad y recuperación milagrosa. El versículo 9 introduce el salmo: “Escrito de Ezequías, rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad”.

En los versículos 10 al 14, Ezequías describe su enfermedad y gran angustia por la posibilidad de su muerte. El versículo 10 comienza: “Yo dije: En medio de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años”. La palabra hebrea que se tradujo como “privado” significa “cesación de”.[18]

El versículo 11 continúa: “Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes;
ya no veré más a ningún hombre entre los moradores del mundo”.[19] El Gran Rollo de Isaías omite la segunda iteración de “a JAH”,[20] que es una abreviatura de “Jehová”. Esta declaración nos da  una perspectiva interesante sobre la creencia mesiánica de Ezequías. Es evidente que, a través de su vida, él había esperado la posibilidad de que el Señor Jehová vendría mientras el estuviera vivo. Con su muerte inminente, Ezequías expresa desilusión severa de que esta entrañable esperanza no sería cumplida. También expresa desilusión de que perdería su asociación con los hombres en la tierra.

En el versículo 12, Ezequías lamenta aún más el final de su vida: “Mi morada ha sido arrebatada y alejada de mí, como tienda de pastor.
Como tejedor enrollé mi vida; él la cortará del telar; tú me consumirás entre el día y la noche”. Estos símiles describen la condición transitoria de nuestras vidas, aún como una tienda que puede ser desmontada y doblada o como un tejedor corta a través de la tela tejida. “Me consumirás” viene del hebreo que significa “colgar”.[21]

En el versículo 13, Ezequías narra una noche que pasó sin dormir: “Estuve en vela hasta la mañana. Como un león, él quebrará todos mis huesos; de la mañana a la noche terminarás conmigo”. El pensó sobre el proceso de la muerte, la falla de su cuerpo y el final de su vida.

El versículo 14 continúa: “Como la grulla y como la golondrina me quejo; gimo como la paloma”— Ezequías describe sus sollozos, comparándolos con los sonidos de estas aves. “Alzo hacia lo alto mis ojos. Oh Jehová, estoy oprimido; ¡ampárame!”. Él mira arriba hacia el Señor espiritualmente. “¡Ampárame!” viene del hebreo, significando “sé mi seguridad”.[22]

En el versículo 15, Ezequías reconoce que el Señor lo sanó: ¿Qué diré? Él me lo dijo y él mismo lo ha hecho. Andaré pausadamente en la amargura de mi alma todos los años de mi vida”. Ezequías se queda sin palabras por la magnanimidad del Señor en preservar su vida—“él mismo lo ha hecho”. La traducción de José Smith presenta “…él mismo me ha sanado. Andaré pausadamente, que no camine en la amargura de mi alma…”.[23] A causa de su gratitud hacia el Señor por haberlo restaurado a la vida, él determina caminar “pausadamente”—o sea, deliberadamente[24]— por toda su vida para no sumergirse en la amargura del alma. Esta amargura, o tristeza, viene de la realización de cuán fugaz es la vida.

En los versículos 16 al 20 Ezequías describe grandes bendiciones que ha recibido del Señor. En el versículo 16, Ezequías ora: “Oh Señor, por estas cosas viven los hombres; en todas ellas está la vida de mi espíritu, pues tú me restablecerás y harás que viva”. La traducción de José Smith añade otra frase: “…y en todas estas cosas te alabaré”.[25] La palabra hebrea traducida como “me restablecerás” significa “restáurame”.[26] Los hombres pasan por la vida sabiendo que es transitoria, y tal como los demás la dejan, así la dejaría Ezequías. La restauración de su vida por el Señor también le da comprensión más plena de su mortalidad.

El versículo 17 continúa la oración: “He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz; pero a ti te agradó librar mi vida de la fosa de corrupción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados”. La traducción de José Smith presenta “He aquí amargura grande me sobrevino en la paz; pero a ti te agradó salvarme de la fosa de corrupción…”.[27] A pesar de su dolor al entender cuán  corta es la vida, Ezequías se regocija en su conocimiento de la salvación en dos etapas proporcionadas por el Señor; primero, que cada hombre será restaurado a la vida en la resurrección, y segundo, que el Señor proporciona la vía para que seamos perdonados de nuestros pecados.

En el versículo 18, Ezequías expresa gratitud adicional: “Porque el Seol no te agradecerá, ni la muerte te alabará. Los que descienden a la fosa no esperarán tu verdad”. El alabar y celebrar la misericordia del Señor pertenecen a la mortalidad, y esperar la venida del Mesías, él razona, pertenece a los vivos.

El versículo 19 concluye la oración de Ezequías: “El que vive, el que vive, éste te alabará, como yo lo hago hoy; el padre dará a conocer tu verdad a los hijos”. Ezequías, ya que se le permite continuar viviendo, alaba al Señor. Como padre y como rey, él reconoce su responsabilidad de enseñar a sus hijos, y también a sus súbditos, los principios del evangelio.

En el versículo 20, Ezequías resume: “Jehová me salva; por tanto, cantaremos mis cánticos al son de instrumentos de cuerda en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida”. Este salmo fue cantado, posiblemente acompañado por instrumentos de cuerda, en el templo.

Los versículos 10 al 20 contienen un quiasma:[28]

A: (10) Yo dije: En medio de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años.
B: (11) Dije: No veré a JAH, a JAH
C: en la tierra de los vivientes; ya no veré más a ningún hombre entre los moradores del mundo.
D: (12) Mi morada ha sido arrebatada y alejada de mí, como tienda de pastor.
Como tejedor enrollé mi vida; él la cortará del telar; tú me consumirás entre el día y la noche.
E: (13) Estuve en vela hasta la mañana. Como un león, él quebrará todos mis huesos;
F: de la mañana a la noche terminarás conmigo.
G: (14) Como la grulla y como la golondrina me quejo; gimo como la paloma; alzo hacia lo alto mis ojos. Oh Jehová, estoy oprimido; ¡ampárame!
H: (15) ¿Qué diré? Él me lo dijo
H: y él mismo me ha sanado. Andaré pausadamente en la amargura de mi alma todos los años de mi vida.
G: (16) Oh Señor, por estas cosas viven los hombres; en todas ellas está la vida de mi espíritu,
F: pues tú me restablecerás y harás que viva,  y en todas estas cosas te alabaré.
E: (17) He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz; pero a ti te agradó salvarme de la fosa de corrupción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.
D: (18) Porque el Seol no te agradecerá, ni la muerte te alabará. Los que descienden a la fosa no esperarán tu verdad.
C: (19) El que vive, el que vive, éste te alabará, como yo lo hago hoy;
el padre dará a conocer tu verdad a los hijos.
B: (20) Jehová me salva;.
A: por tanto, cantaremos mis cánticos al son de instrumentos de cuerda en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.

Este salmo de Ezequías es estructurado como un quiasma. En el enfoque, el Señor lo sana: “Él me lo dijo y él mismo me ha sanado”. En el lado ascendente Ezequías contempla su enfermedad y lo inevitable de su muerte; él sufre mucho, teniendo en cuenta que las alegrías y glorias terrenales pronto pasarían de él. En el lado descendente reconoce la gran paz que ha recibido del Señor a través del ser sanado, tanto físicamente como espiritualmente. Ezequías decide cantar canciones de alabanza al Señor por el resto de su vida. “En medio de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años” contrasta con “por tanto, cantaremos mis cánticos al son de instrumentos de cuerda en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida”.

El versículo 21 dice: “Y había dicho Isaías: Tomen una masa de higos y pónganla en la llaga, y sanará”. “Pónganla” se traduce del hebreo que significa “frótelo”.[29] Esto, junto con la declaración en el versículo 22, es añadido por Isaías , casi como idea de último momento. El contenido de este versículo se presentó anteriormente en el registro de los escribas del rey.[30]

El versículo 22 añade: “Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que subiré a la casa de Jehová?” Esta declaración está al fin del capítulo para disminuir su importancia en el registro, así elevando la importancia y el significado del otro motivo para la señal del sol que retrocedería diez grados—para dar testimonio que el Señor defendería a su pueblo contra los Asirios, como se indica en el versículo 6. A sus lectores modernos, el mensaje de Isaías en este capítulo es el mismo: el Señor defenderá a Sus seguidores justos de la contraparte moderna de los antiguos Asirios.

Notas


[1]. Véase Isaías 36 y 37; también el comentario perteneciente.
[2]. Véase Isaías 45:3; Isaías 54:17 y Doctrina y Convenios 71:9-10; Isaías 29:8; 52:12; 58:8; Doctrina y Convenios 45:66; 63:34; 97:25.
[3]. Victor L. Ludlow, Isaiah: Prophet, Seer, and Poet [Isaías: Profeta, Vidente, y Poeta]: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1982, pág. 330.
[4]. Los versículos 1 al 3 contienen un quiasma: Ezequías enfermo de muerte/Jehová/vas a morir/no vivirás/Jehová/lloró Ezequías con gran llanto. Los versículos 2 y 3 contienen un quiasma superpuesto: Ezequías/hizo oración/a Jehová/Oh Jehová/te ruego/Ezequías.
[5]. 2 Reyes 18:4, 6.
[6]. 2 Reyes 20:4.
[7]. Los versículos 4 y 5 contienen un quiasma: Vino la palabra de Jehová/a Isaías/diciendo/ve y di/a Ezequías/Jehová, Dios de tu padre David, dice así.
[8]. 2 Reyes 20:5.
[9]. Véase Isaías 37:36.
[10]. Isaías 38:1.
[11]. 2 Reyes 20:6.
[12]. Isaías 37:20.
[13]. 2 Reyes 20:7-8.
[14]. El versículo 7 contiene un quiasma: Y esto/te será como señal/Jehová/que Jehová/hará/esto que ha dicho.
[15]. 2 Reyes 20:9.
[16]. 2 Reyes 20:10.
[17]. Doctrina y Convenios 45:39-40.
[18]. F. Brown, S. Driver, y C. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Léxico Hebreo e Inglés de Brown, Driver y Briggs]: Hendrickson Publishers, Peabody, MA, 01961-3473, 1996, Número de Strong 1824, pág. 198.
[19]. Los versículos 10 y 11 contienen un quiasma: En medio de mis días/las puertas del Seol/a JAH/a JAH/en la tierra de los vivientes/no veré más a ningún hombre.
[20]. Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 155.
[21]. Brown et al., 1996, Número de Strong 1803, pág. 195.
[22]. Brown et al., 1996, Número de Strong 6148, pág. 786.
[23]. Joseph Smith’s “New Translation” of the Bible [Una “Nueva Traducción” de la Biblia por José Smith]: Herald Publishing House, Independence, Missouri, 1970, pág. 207.
[24]. Brown et al., 1996, Número de Strong 1718, pág. 186.
[25]. TJS, pág. 207.
[26]. Brown et al., 1996, Número de Strong 2421, pág. 1092.
[27]. TJS, pág. 207.
[28]. Compárese Victor L. Ludlow, Isaiah: Prophet, Seer, and Poet [Isaías: Profeta, Vidente, y Poeta]: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1982, pág. 332-334.
[29]. Isaías 38:21, nota al pie de página  21a.
[30]. 2 Reyes 20:7.

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Una respuesta a Capítulo 38: “Y el sol retrocedió diez grados, por los cuales ya había descendido”

  1. fidel aguayo becerra dijo:

    hoy vemos y sentido como hay señales en el cielo y en la tierra, no podemos ignorar
    que los acontecimientos son asi, vemos como Dios rey del universo todo lo puede y
    no hay duda yo soy jehova y fuera de mi no hay otro, todo depende de mi y sale de mi
    los hombres creen que ver y discernir parte de a estructura molelucar del universo lo saben tod pero que equivocado esta usan el raciocinio natural y no ven mas alla. si miraran con ojos espirituales sabrian que el universo si lo aprendemos a discernir
    conoceremos el poder de Dios y el del hombre.

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