Capítulo 1: “Príncipes de Sodoma, oid la palabra de Jehová”

El capítulo 1 es un prólogo, o visión general, del mensaje presentado en todo el libro de Isaías.[i] Aquí se muestran los elementos del estado apóstata, rebelde, y corrompido de Israel, con solo un remanente muy pequeño que permanece fiel. El Señor rechaza los sacrificios y festejos de Israel porque se practican en maldad. De igual manera, el Señor rechaza los sacrificios, prácticas y ordenanzas de Su pueblo en cada época cuando se practican indignamente. El Señor llama a Israel a que se arrepienta y obre con rectitud; si lo hacen, el Señor promete la remisión de pecados y el perdón. Al final del capítulo, el Señor promete que Sión será redimida en el día de la restauración, el cual será seguido por la destrucción de los inicuos por fuego.

Nefi comienza su citación extensa de Isaías con el capítulo 2.[ii] Su motivo al no citar el capítulo 1 puede ser porque este capítulo es un prólogo; sin embargo, Nefi no nos da motivo por su selección de varias porciones de Isaías.

El versículo 1 declara que se le dio una visión a Isaías: “Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y de Jerusalén en los días de Uzías, de Jotam, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá”. Es de notar que la visión se trató de lo que acontecería a Judá y a Jerusalén y que la visión se vio durante un período de muchos años, representados por los reinados de los cuatro reyes que se mencionan. Se le dieron instrucciones a Isaías en detalle, las cuales el registró en el capítulo 6, sobre cómo presentar la visión.[iii] Por causa de la apostasía y la maldad entre su pueblo, Isaías codificó sus profecías para que solamente aquellos con la espiritualidad suficiente pudieran entender. Esto previno que los indignos no recibieran más de lo que podrían entender, lo que les sujetaría a una “mayor condenación”.[iv]

La revelación moderna plenamente testifica de la veracidad de la misión y obra de Isaías. José F. Smith escribió acerca de una visión que recibió el día 3 de Octubre de 1918 en la cual se le mostró el mundo de los espíritus. Vio muchos de “los grandes y poderosos”, incluyendo profetas antiguos quienes estaban enseñando el evangelio a los espíritus de seres que habían vivido sobre la tierra.  Dice: “E Isaías, el cual declaró por profecía que el Redentor fue ungido para sanar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y la apertura de la cárcel a los presos, también [estaba] allí”.[v]

En el versículo 2, Isaías proclama: “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra, porque habla Jehová”. Esto significa que cada ser sobre la tierra ha de escuchar estas palabras,[vi] de las cuales un testamento se escribiría en el cielo. “Cielo y tierra” es un eufemismo que significa “toda gente”. Las palabras dichas por el Señor, que todos escucharán, continúan: “Crié hijos y los engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí”. Las palabras del Señor son un pleito, comprendiendo los versículos 2 al 4, testificando de la infidelidad de los hijos de Israel.

En Doctrina y Convenios sección 76—una gran visión en la cual José Smith y un colega, Sidney Rigdon, fueron mostrados el mundo de los espíritus, la resurrección, el juicio y los tres grados de gloria que heredarán los hijos de Dios—comienza con palabras similares a las de Isaías en el versículo 2: “¡Oíd, oh cielos, escucha, oh tierra, y regocijaos, vosotros los habitantes de ellos, porque el Señor es Dios, y aparte de él no hay Salvador! Grande es su sabiduría, maravillosas son sus vías, y la magnitud de sus obras nadie la puede saber”.[vii] Más detalle que nos provee la revelación moderna confirma el significado intentado por Isaías.

Compárese también el mandato del Señor en los últimos días a escuchar y a obedecer sus palabras, como se presenta en los versículos al principio de Doctrina y Convenios:

Escuchad, oh pueblo de mi iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas, y cuyos ojos están sobre todos los hombres; sí, de cierto digo: Escuchad, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del mar, oíd juntamente.

Porque, en verdad, la voz del Señor se dirige a todo hombre, y no hay quien escape; ni habrá ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni corazón que no sea penetrado.[viii]

La voz del Señor, oída por medio de los profetas en cada época del mundo, se dirige a cada ser humano en todo el mundo. Finalmente, a todos se les dará la oportunidad de oír y entender, y serán responsables por obedecer al Señor.

En la traducción Reina-Valera de 2009, el hebreo Yahovah,[ix] o YHWH, ha sido traducido “Jehová”.[x] El hebreo adonay[xi] ha sido traducido “señor”, significando “amo”, “dueño” o “maestro”, que connota la condición humana en vez de la divina.

El versículo 3 contiene dos juegos de declaraciones paralelas: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor, pero Israel no conoce; mi pueblo no entiende”. El primer juego nos hace recordar que aún los animales domésticos demuestran lealtad hacia sus amos,  distintos al pueblo escogido del Señor. En el segundo juego, “Israel” es equivalente a “mi pueblo”, y “no conoce” es equivalente a “no entiende”. El uso de la palabra “pesebre” nos da una idea de la identidad de nuestro Señor—el mismo quien, al nacer, sería acostado en un pesebre.[xii]

El versículo 3 muestra un ejemplo de la diferencia profunda entre el pecado ignorante y el degenerar en la incredulidad. Aunque Israel sea el pueblo del convenio del Señor, cuando los hijos del convenio no piensan sobre la ley, no la estudian y no la obedecen—o, el evangelio, para aplicar una palabra equivalente del Nuevo Testamento—aún el conocimiento que tienen se pierde pronto. El Espíritu se aleja, dejándoles muertos espiritualmente. El haber sido hijos del convenio no es ninguna protección contra las consecuencias de sus pecados. Juan el Bautista castigó a los fariseos y a los saduceos: “Y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras”.[xiii]

El versículo 4 describe el estado corrompido y pecaminoso de Israel, tanto individualmente  como nación entera: ¡Oh nación pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malhechores, hijos depravados! Dejaron a Jehová, despreciaron al Santo de Israel, se volvieron atrás”. Su maldad persiste por muchas generaciones; el Señor está enojado con ellos y les rehúsa las bendiciones.

Los versículos 5 y 6 describen la enfermedad espiritual, usando males físicos como metáforas para las enfermedades espirituales. El versículo 5 comienza: “¿Por qué habéis de ser golpeados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón está desfallecido”. Los pensamientos y emociones del pueblo—denotados por la cabeza y el corazón—se han vuelto por entero hacia la iniquidad. Mateo en el Nuevo Testamento cita este pasaje como siendo cumplido por acontecimientos en la vida de Jesucristo;[xiv] el pueblo al cual Cristo ministró estaba enfermo espiritualmente, concordando con la descripción de Isaías.

El versículo 6 continúa la metáfora: “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino heridas, y moretones y llagas recientes; no están curadas, ni vendadas ni suavizadas con aceite”. La enfermedad es seria, afectando todo el cuerpo. Ningún tratamiento curativo—como metáfora, la expiación—se ha aplicado.

El versículo 7 describe las consecuencias para una nación cuando los individuos pertenecientes a ella están corrompidos en extremo, y abandonan las bendiciones y la protección del Señor: “Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades quemadas con fuego, vuestra tierra delante de vosotros devorada por extranjeros y desolada como derrocada por extraños”. Por causa de la maldad, la protección del Señor se ha quitado y repentinamente sigue la destrucción. Las ciudades se queman con fuego; los invasores se apoderan de los cultivos y los recursos naturales y los consumen.[xv]

En los versículos 8 y 9, sólo un remanente pequeño de los justos se quedan entre el pueblo. El versículo 8 comienza: “Y queda la hija de Sión como enramada en viña, como choza en melonar, como ciudad sitiada”. Los habitantes de Jerusalén son diezmados; pocos son los sobrevivientes, en número similar a los ocupantes de una cabaña en una viña usada por los segadores durante la cosecha.

El versículo 8 contiene un quiasma:

A: (8) Y queda la hija de Sión

B: como enramada en viña,

B: como choza en melonar,

A: como ciudad sitiada.

En este quiasma Isaías establece “hija de Sión” como sinónimo poético de Jerusalén, o la “ciudad sitiada”, el cual usa repetidas veces en toda su obra.[xvi] Los sobrevivientes de la destrucción son pocos, comparable en número a los ocupantes de una enramada en una viña.

El versículo 9 continúa la lamentación: “Si Jehová de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto pequeño, seríamos como Sodoma, semejantes a Gomorra”. De no ser por unos pocos justos que sobrevivirían, la destrucción sería total—tal como la de Sodoma y Gomorra,[xvii] dos ciudades que fueron totalmente destruidas por causa de su maldad.

Pablo cita el versículo 9: “Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos llegado a ser, y a Gomorra seríamos semejantes”.[xviii] “Descendencia” se refiere a un número pequeño de sobrevivientes de quienes crecería una gran nación de nuevo, después de muchas generaciones.

En el versículo 10, Isaías hace burla de los gobernantes de la Jerusalén inicua como si fueran los de Sodoma, y sus habitantes malvados como si fueran la gente de Gomorra: “Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová. Escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra”. Sodoma y Gomorra son símbolos de la maldad y la destrucción total en varias épocas, con cumplimiento recurrente.

Los versículos 11 al 20 son un pleito clásico. En el versículo 11, el Señor condena los ritos que practicaban la gente de Jerusalén porque eran practicados indignamente y su hipocresía es aborrecible a Él: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de grasa de animales engordados; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas ni de machos cabríos”.

El versículo 12 continúa el pleito: “¿Quién demanda esto de vuestras manos cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” El entrar indignamente en el templo sagrado del Señor—“para hollar mis atrios”—es pecado muy serio.

En el versículo 13, el Señor demanda: “No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo soportar; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.” “No lo puedo soportar” fue traducido de una palabra hebrea que significa  “aguantar”.[xix]

El versículo 14 continúa: “Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las aborrece mi alma; me son una carga; cansado estoy de soportarlas”.  Por causa de la hipocresía, el Señor rechaza las asambleas y festejos de Su pueblo y no les dará más el perdón. De igual manera, el Señor rechaza las ofrendas y las prácticas de Su pueblo en toda época cuando se hacen indignamente.

Versículos 13 y 14 contienen un quiasma:

A: (13) No me traigáis más vana ofrenda;

B: el incienso me es abominación;

C: luna nueva y día de reposo,

D: el convocar asambleas, no lo puedo soportar;

D: son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

C: (14) Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes

B: las aborrece mi alma;

A: me son una carga; cansado estoy de soportarlas.

El Señor rechaza  las oblaciones, festejos señalados, asambleas solemnes y celebraciones de Israel porque la iniquidad terrible del pueblo hace estas prácticas abominables a Su vista. La demanda del Señor, “No me traigáis más vana ofrenda”, se complementa con “me son una carga; cansado estoy de soportarlas”.

En el versículo 15 el Señor declara que no escuchará las oraciones del pueblo: “Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo, cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos”. El Gran Rollo de Isaías—uno de los Rollos del Mar Muerto—añade una frase paralela al final del versículo: “vuestros dedos con iniquidad”.[xx] “Sangre” se refiere a los efectos del pecado en las vidas de la gente, aquí acentuando el más serio, el derramamiento de sangre inocente.[xxi]

El versículo 15 contiene un quiasma:

A: (15) Cuando extendáis vuestras manos,

B: yo esconderé de vosotros mis ojos;

B: asimismo, cuando multipliquéis la oración, yo no oiré;

A: llenas están de sangre vuestras manos, vuestros dedos con iniquidad.

A causa de sus pecados horribles, el Señor no escuchará las oraciones del pueblo ni los mirará con misericordia.

En los versículos 16 y 17 el Señor extiende la oportunidad para el arrepentimiento y el perdón. El versículo 16 comienza: “Lavaos, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo”. Aunque el pecador deseara que sus pecados se mantuvieran en secreto, todo lo que hacemos es visto por el Señor, de Él, nada le es ocultado. Estas cuatro declaraciones paralelas, todas con significado similar, se proveen para dar énfasis—imagínese Isaías subrayándolas cuatro veces. “Lavad, limpiaos” implica la ordenanza del bautismo.[xxii]

Los versículos 15 y 16 contienen un quiasma que traslapa el del versículo 15:

15) Cuando extendáis vuestras manos,

A: yo esconderé de vosotros mis ojos;

B: asimismo, cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos, vuestros dedos con iniquidad.

C: (16) Lavaos,

C: limpiaos;

B: quitad la iniquidad de vuestras obras

A: de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo.

Este quiasma se enfoca en una súplica al pueblo que se arrepienta y que se vuelva limpio delante del Señor. Hasta que lo haga, el Señor no lo mirará con misericordia ni escuchará sus oraciones. A causa de los quiasmas traslapados en estos versículos “vuestras manos”, junto con “llenas están de sangre vuestras manos” en el versículo 15, son equivalentes a “la iniquidad de vuestras obras” en el versículo 16.

El versículo 17 continúa: “Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, socorred al oprimido; haced justicia al huérfano, abogad por la viuda”. Aquí se nota a que punto el Señor define la rectitud como la justicia social y en que grado desdeña la conformidad con reglas, ceremonias, y rituales como sustitución para la rectitud verdadera. “Juicio”, como se usa aquí, implica la justicia social.[xxiii]

El cuidado de los huérfanos y las viudas es mandamiento importante que el Señor ha dado en cada época. A Moisés declaró: “que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero, dándole pan y vestido”.[xxiv] Santiago atestigua: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.[xxv]

En el versículo 18 el Señor describe el propósito para la expiación en uno de los pasajes más notables del Antiguo Testamento, citado frecuentemente: “Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. El color de la grana—rojo, o el color de carmesí—simboliza el más serio de los pecados, el quitar la vida inocente. El color blanco, representado en este versículo por la nieve o la lana, simboliza la pureza. El Señor, por medio de la expiación, “nos ha proporcionado la forma mediante la cual nuestras enfermedades espirituales pueden ser sanadas”.[xxvi] Palabras del himno “Entonad sagrado son” expresan palabras y significado del versículo 18: “Aunque vuestros pecados fueren como la grana, ¡Oh! Arrepentíos, y perdonará”.[xxvii]

El presidente Gordon B. Hinckley declaró:

El arrepentimiento es uno de los primeros principios del evangelio, y el perdón es divino. Hay esperanza para ustedes. Tienen toda la vida por delante y aunque en el pasado la hayan manchado con el pecado, puede estar llena de felicidad en el futuro. Ésta es la obra de salvar y ayudar a las personas con sus problemas. Ése es el propósito del evangelio.[xxviii]

Hay dos clases de rectitud por las cuales somos responsables personalmente, las cuales son definidas repetidas veces por Isaías. Una clase es la rectitud personal; la otra clase es la rectitud colectiva, o la nacional. Conocemos la manera en que se alcanza la rectitud personal: Tener fe en el Señor Jesucristo; el arrepentimiento; el bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y el recibir el Espíritu Santo por la imposición de manos.[xxix] Sin embargo, el arrepentimiento y la purificación no son acontecimientos que suceden una sola vez en nuestras vidas. Tenemos que seguir continuamente este proceso de cuatro pasos, sustituyendo la ordenanza de la santa cena por la cual renovamos nuestros convenios bautismales, e invitando el Espíritu Santo de nuevo en nuestras vidas. Después, debemos hacer todo lo que podamos para promover lo bueno a nuestro alrededor incluyendo guardar los mandamientos del Señor, cuidar, criar, y enseñar a nuestros hijos, y cumplir asignaciones que nos dan por medio de la autoridad del Señor. La rectitud nacional viene de la mayoría viviendo en rectitud personal, junto con líderes quienes aman la verdad y la rectitud.

En el versículo 19 el Señor promete los frutos del arrepentimiento y la rectitud subsiguiente: “Si queréis y escucháis, comeréis lo bueno de la tierra”— Las bendiciones del Señor, incluyendo la prosperidad y la seguridad nacional, dependen de la rectitud individual y colectiva.

El élder Boyd K. Packer declaró que el don del perdón del Señor requiere nuestro arrepentimiento:

El evangelio nos enseña que por medio del arrepentimiento se logra el alivio del tormento y la culpa. Con excepción de unos pocos que han optado por la vía de la perdición luego de haber conocido la plenitud, no existen un hábito, una adicción, una rebelión, una transgresión, ni una ofensa en los cuales no pueda cumplirse la promesa de un perdón completo.[xxx]

En el versículo 20, continuando la frase del versículo anterior, el Señor promete el resultado inevitable de la iniquidad continua: “pero si rehusáis y os rebeláis, seréis devorados por la espada, porque la boca de Jehová lo ha dicho”. La guerra y la destrucción esperan la nación que rechaza al Señor.

Los versículos 21 al 23 son una lamentación profética. El versículo 21 comienza: “¡Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel! Llena estaba de justicia; en ella habitaba la equidad, pero ahora, homicidas”. Isaías deplora la iniquidad de Jerusalén. “Justicia”, en estas frases paralelas, iguala “equidad”.[xxxi]

El versículo 22 continúa la lamentación: “Tu plata se ha convertido en escoria; tu vino está mezclado con agua”. “Escoria” significa todo lo que se rechaza cuando se refinan los metales. En la metáfora, el substituir algo inferior por la plata y añadiendo agua al vino simbolizan el engaño, la falta de honradez, y la corrupción.

El versículo 23 resume el juicio: “Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; todos aman el soborno y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda”. “Las recompensas” se traduce de una palabra hebrea que significa “cohecho” o “soborno”.[xxxii] Los líderes del pueblo cometen gran pecado en mintiendo, sobornando, asociándose con ladrones y no haciendo caso al juicio de las viudas y a los huérfanos.

Los versículos 17 al 23 contienen un quiasma:

A: (17) Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, socorred al oprimido; haced justicia al huérfano, abogad por la viuda. (18) Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

B: (19) Si queréis y escucháis, comeréis lo bueno de la tierra;

C: (20) 20 pero si rehusáis y os rebeláis, seréis devorados por la espada, porque la boca de Jehová lo ha dicho.

D: (21) ¡Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel!

E: Llena estaba de justicia;

E: en ella habitaba la equidad,

D: pero ahora, homicidas.  (22) Tu plata se ha convertido en escoria; tu vino está mezclado con agua.

C: (23) Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones;
B: todos aman el soborno y van tras las recompensas;

A: no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

Las declaraciones introductorias, “Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, socorred al oprimido; haced justicia al huérfano, abogad por la viuda” en el versículo 17 y “no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda” en el versículo 23 son antitéticos en los cuales Isaías contrasta el comportamiento verdadero de la gente con la conducta que el Señor aprobaría. El recibir sobornos por los gobernantes es lo opuesto de ser obediente y dispuesto. El enfoque de este quiasma establece la rectitud pasada de Israel como la meta que se debe lograr, mientras que las declaraciones introductorias y secundarias describen los obstáculos que han de ser superados para alcanzar la meta.

En el versículo 24, el Señor declara: “Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Poderoso de Israel: ¡Ah!, tomaré satisfacción de mis adversarios y me vengaré de mis enemigos”— En la frase que empieza el versículo, “el Señor” quiere decir “maestro”, “dueño”, “gobernante” o “uno que tenga dominio”.  El uso del título “Señor” verifica que Jehová en verdad es el Señor del mundo.[xxxiii] El Señor Jehová de los ejércitos, el Poderoso de Israel, se vengará de sus adversarios y enemigos—en particular, los que cometen agravios contra Su pueblo.

El versículo 25 declara: “y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta con lejía tu escoria y quitaré toda tu impureza”— La metalurgia, la ciencia del refinamiento de metales, se usa aquí como una metáfora para la purificación del pecado—el flagrante así como el oculto. El calor del fuego del refinador representa las pruebas, tribulaciones y destrucciones impuestos por el Señor con el propósito de purificar.[xxxiv] La palabra “impureza” se traduce de una palabra hebrea que también significa “estaño”; [xxxv] el mezclar estaño con oro desvaloriza el oro sin cambiar su apariencia. “Volveré mi mano” se traduce del hebreo significando “regresar repetidamente”.[xxxvi]

En el versículo 26, continuando la frase del versículo anterior, el Señor declara que en los últimos días el gobierno de Israel será restaurado: “y restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel”.

Compárese las palabras del himno, “El espíritu de Dios:”

Aumenta el Señor nuestro entendimiento,

Restituyendo tus jueces como eran antes.

El conocimiento de Dios se extiende,

El velo del mundo se ve descorrer.[xxxvii]

El versículo 27 proclama: “Sión será redimida con justicia; y los convertidos de ella, con rectitud”. Solamente por medio de la rectitud personal y colectiva Sión será redimida. El significado principal de “Sión” en este versículo es un lugar del recogimiento espiritual en los últimos días; otros significados en otros niveles del entendimiento también pueden ser reconocidos.[xxxviii] “Justicia”, como se usa aquí, significa “equidad”.[xxxix]

El versículo 28 continúa: “Pero los rebeldes y los pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos”. Esta declaración predice las grandes destrucciones por fuego que a los inicuos les esperan en los últimos días, antes de la Segunda Venida del Señor.[xl]

Los versículos 20 al 28 contienen un quiasma:

A: (20) pero si rehusáis y os rebeláis, seréis devorados por la espada, porque la boca de Jehová lo ha dicho.

B: (21) ¡Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel!

C: Llena estaba de justicia; en ella habitaba la equidad, pero ahora, homicidas.

D: (22) Tu plata se ha convertido en escoria; tu vino está mezclado con agua.

E: (23) Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; todos aman el soborno y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

F: (24) Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos,

F: el Poderoso de Israel:

E: ¡Ah!, tomaré satisfacción de mis adversarios y me vengaré de mis enemigos;

D: (25) y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta con lejía tu escoria y quitaré toda tu impureza;

C: (26) y restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes;

B: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. (27) Sión será redimida con justicia; y los convertidos de ella, con rectitud.

A: (28) Pero los rebeldes y los pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos.

El Señor, quien es el enfoque de este quiasma, destruirá, limpiará, y vengará como se describe en las declaraciones secundarias. Es de notar que los gobernantes rebeldes se identifican quiásticamente como adversarios del Señor. El diluir vino con agua es equivalente a la aleación del oro con estaño; ambos simbolizan el pecado oculto. La redención de Sión incluirá la restauración de sus jueces y sus consejeros “como eran antes”, o sea, antes de que Israel comenzara a adoptar las vías y creencias de sus vecinos idolatras.

Porque el quiasma de los versículos 17 al 23 traslapa el quiasma de los versículos 20 al 28, “haced justicia al huérfano”, “no hacen justicia al huérfano”, y “tomaré satisfacción de mis adversarios y me vengaré de mis enemigos” son todos comparables estructuralmente. De la misma manera, “si rehusáis y os rebeláis, seréis devorados por la espada”, “los rebeldes y los pecadores a una serán quebrantados”, y “tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones” también son comparables. Estos quiasmas juntos pintan una escena de la iniquidad poderosa y sus consecuencias inevitables.

El versículo 29 dice: “Entonces ellos se avergonzarán de las encinas que amasteis, y os abochornaréis de los jardines que escogisteis”. Esta declaración se refiere a las prácticas idólatras del Israel apóstata, adoptadas de sus vecinos paganos. “Encinas” y “jardines” como se usan aquí significan “árboles terebintos y jardines usados en la adoración de ídolos”.[xli] Terebinto es una especie de zumaque fragrante. La forma de idolatría tratada en este versículo se centra en relaciones sexuales ilícitas. En otras partes del Antiguo Testamento esta práctica idólatra se describe eufemísticamente “en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso”, que significa jardines con árboles sombreros preparados como sitios agradables para tales hechos.[xlii] El Señor condena todo pecado sexual, sin importar que sea parte de la adoración de ídolos.

En el versículo 30, la profundidad de la vergüenza sentida por los que se hallan atrapados en el pecado de la inmundicia moral se compara a un árbol cuyas hojas se secan o un huerto que no ha sido regado: “Porque seréis como la encina a la que se le cae la hoja y como el jardín al que le faltan las aguas”. El agua que da la vida simboliza el poder redentor de la expiación.

Pero en el versículo 31, las hojas de las encinas que se marchitan y los jardines sin agua sólo sirven para acelerar el incendio destructivo e inextinguible: “Y el fuerte será como estopa, y su trabajo será como una chispa; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien los apague”. “Estopa” quiere decir fibra gruesa o cáñamo, un combustible listo para el fuego destructivo. La destrucción predicha transpirará en el tiempo de la Segunda Venida del Señor, pero es típica de la destrucción de naciones inicuas en cualquier época.

Al describir el martirio de José y Hyrum Smith, John Taylor—quien fue gravemente herido por la chusma asesina—aludió a ésta destrucción por fuego: “¨[S]i el fuego puede marchitar el árbol vivo para la gloria de Dios, cuanto más fácil consumirá los árboles secos para purificar la viña de toda corrupción”.[xliii]

Los versículos 28 al 31 contienen un quiasma:

A: (28) Pero los rebeldes y los pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos.

B: (29) Entonces ellos se avergonzarán de las encinas que amasteis, y os abochornaréis de los jardines que escogisteis.

B: (30) Porque seréis como la encina a la que se le cae la hoja y como el jardín al que le faltan las aguas.

A: (31) Y el fuerte será como estopa, y su trabajo será como una chispa; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien los apague.

Por causa de la idolatría que el pueblo ha deseado en lugar de la devoción al Señor, será destruido por fuego.

Notas


[i]. Los capítulos 2 al 39 describen a Israel en su patria en una condición de maldad; los capítulos 40 al 54 describen a Israel en exilio dispersado por todo el mundo, interactúando con gente y acontecimientos; y los capítulos 55 al 66 describen su glorioso recogimiento en su patria después del arrepentimiento y purificación.

[ii]. 2 Nefi capítulos 12 al 24.

[iii]. Isaías 6:9‑10.

[iv]. Véase Doctrina y Convenios 82:3 y Lucas 12:48.

[v]. Doctrina y Convenios 138:38, 42.

[vi]. William Grant Bangerter, “Escuchad la Voz del Profeta”, Liahona, Enero 1980, página 13.

[vii]. Doctrina y Convenios 76:1-2.

[viii]. Doctrina y Convenios 1:1-2.

[ix]. F. Brown, S. Driver, y C. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon [Léxico Hebreo e Inglés de Brown, Driver y Briggs]: Hendrickson Publishers, Peabody, MA, 01961-3473, 1996, Número de Strong 3068, pág. 217-218.

[x]. Isaías 12:2; Isaías 26:4.

[xi]. Brown et al., 1996, Número de Strong 136, pág. 10.

[xii]. Véase Lucas 2:7, 12, 16.

[xiii]. Mateo 3:9.

[xiv]. Véase Mateo 8:17.

[xv]. Véase Isaías 1:28; 5:24; 9:5, 18-19 y comentario perteneciente.

[xvi].  Véase 2 Reyes 19:21, 31; Salmos 9:14; 51:18; Isaías 10:32; 16:1; 37:22; 52:2; 62:11.

[xvii]. Véase Genesís 19:24-25.

[xviii]. Romanos 9:29.

[xix]. Brown et al., 1996, Número de Strong 3201, pág. 407.

[xx]. Donald W. Parry, Harmonizing Isaiah [La Armonización de Isaías]: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) [Fundación para Investigación Clásica y Estudios Mormones] en Brigham Young University, Provo, Utah, EE.UU., 2001, pág. 40.

[xxi]. Véase Isaías 59:3 y comentario perteneciente.

[xxii]. Victor L. Ludlow, Isaiah: Prophet, Seer y Poet: Deseret Book Company, Salt Lake City, Utah, 1982, pág. 77.

[xxiii]. Véase Isaías 1:17, nota al pie de página 17c; Véase Isaías 5:7; 42:4; 59:8; 59:15.

[xxiv]. Deuteronomio 10:18.

[xxv]. Santiago 1:27.

[xxvi]. Vaughn J. Featherstone, “Perdónalos te lo ruego”, Liahona, Febrero 1981, página 56.

[xxvii]. Himnos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992, Himno Número 83, “Entonad sagrado son”, versículo 4 (traducido literalmente del inglés).

[xxviii]. Gordon B. Hinckley, “Seamos verídicos y fieles”, Liahona, Julio de 1996, pág. 105.

[xxix]. Véase Los Artículos de Fe 1:4.

[xxx]. Boyd K. Packer, “La luminosa mañana del perdón”, Liahona, Enero de 1996, pág. 21.

[xxxi]. Véase Isaías 1:21, 27; 5:16; 10:2; 16:3, 5; 28:6, 17; 30:18.

[xxxii].  Brown et al., 1996, Número de Strong 7810, pág. 1005.

[xxxiii].  Brown et al., 1996, Número de Strong 3068, pág. 217-218.

[xxxiv]. Véase Malaquias 3:2-3; Doctrina y Convenios 128:24.

[xxxv]. Brown et al., 1996, Número de Strong 914, pág. 18.

[xxxvi]. Véase Isaías 1:25, nota al pie de página 25a.

[xxxvii]. Himnos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992, Himno número 2, “El Espíritu de Dios”, versículo 2; la segunda línea se traduce literalmente del inglés.

[xxxviii]. Véase Isaías 3:16; 4:3-4; 8:18; 10:12, 24; 12:6; 51:3.

[xxxix]. Véase Isaías 1:27, nota al pie de página 27b. Para referencias de otros significados de “juicio”, véase el versículo 17.

[xl]. Véase Isaías 1:7, 4:4; 5:24; 9:5, 18-19; 10:16-18; 13:6-9; 24:6; 26:11; 27:11; 29:6; 30:27, 30, 33; 33:11-12; 34:9; 42:25; 43:2; 47:14; 64:1-2, 11; 66:15-16 y comentario perteneciente.

[xli]. Brown et al., 1996, Número de Strong 352, pág. 18.

[xlii]. Véase 1 Reyes 14:23; 2 Reyes 16:4; 17:10; 2 Crónicas 28:4; Jeremías 2:20; 3:6, 13; Ezequiel 6:13; también Isaías 57:5 y comentario perteneciente.

[xliii]. Doctrina y Convenios 135:6.

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